Claros
Isla del mar Egeo. Había en ella, dice Eliano, un bosque consagrado a Apolo, exento enteramente de animales ponzoñosos. Se veían en sus alrededores muchos ciervos que, perseguidos por cazadores, se refugiaban en aquel bosque y los perros rechazados por la virtud omnipotente del númen ladraban inútilmente, no atreviéndose a pasar adelante, mientras que los ciervos entraban en él sin ningún temor. El templo que tenía este dios en aquella ciudad era el más magnífico, después del de Éfeso. Había sido erigido por Manto, hija de Tiresias. El sacerdote que daba los oráculos, era escogido de entre ciertas familias determinadas de Mileto, eligiéndose siempre al más ignorante. Después de haberse informado de los nombres y el número de los consultantes, y de haberles oído, se retiraba a una caverna, bebía agua de cierta fuente y daba después sus respuestas. Plinio habla también de esta agua. Añade que todos los que la bebían podían dar oráculos, pero que abreviaba la vida. Tácito. Se creía que la ciudad había sido edificada por Manto, hijo del adivino Tiresías, después del saqueo de Tebas, su patria, por los epígonos. La fábula deriva su nombre de klaiein llorar porque Manto no cesaba de llorar allí la destrucción de su patria. Sus lágrimas formaron una fuente, que de su origen tomó el nombre de Claros. Otros derivan este nombre de kleros, suerte, y en dialecto dórico, klaros,porque tocó a Apolo en suerte Estrabón. Pausanias. Pomponio Mela.

