Feralia
o Ferales. Festival religioso romano celebrado en el mes de febrero en honor de los muertos, en el que se llevaban ofrendas de comida a las tumbas familiares. Aunque los romanos celebraban varias fiestas en honor de los difuntos, eran estas las más famosas. Se desarrollaban durante nueve días, entre el 13 y el 21 de febrero. Durante los ocho primeros días, tenía lugar el culto privado a los difuntos, preocupándose cada familia de honrar a sus muertos; se llevaban coronas de flores a las tumbas, algunos alimentos, como sal y pan empapado en vino, y algunas violetas. El novenario acababa el 21 de febrero, que era fiesta pública. Macrobio atribuye su origen a Numa y Ovidio a Eneas, el cual, dicen, hacía todos los años ciertas ofrendas al genio de su padre. Durante estas fiestas, que continuaban once días seguidos, los templos no eran frecuentados ni se ofrecían sacrificios a los dioses. Estaba prohibido igualmente el celebrar bodas y los casados debían guardar continencia. Los romanos tenían la convicción de que en estos días los muertos andaban errantes en torno de sus sepulturas y que comían los manjares que ponían en ellas sus parientes y amigos. Creían asimismo que durante este tiempo cesaban los castigos de los culpables condenados en el Tártaro, y que gozaban del reposo y la libertad. Habiéndose interrumpido esta fiesta con el desorden de las guerras civiles, aparecieron todos los sepulcros llenos de fuego, salieron los muertos de ellos e hicieron resonar por todas partes durante la noche espantosos alaridos: lo que hizo que se restableciesen las ferales con todas sus ceremonias. Algunos hacen derivar este nombre de fero, llevar, porque llevaban la comida en las sepulturas: otros de fera, cruel, sobrenombre que daban los latinos a la muerte. Llamábanse también ferales a los dioses del infierno.

