Debod

En el Antiguo Egipto hubo templos que fueron erigidos en ciertos lugares por la importancia religiosa, estratégica o económica que revestían dichos puntos geográficos. En el caso del templo de Debod, la planificación de un itinerario religioso (concebido y realizado en época ramésida) determinó su aparición. Aunque son escasos los restos del Imperio Nuevo hallados en el thémenos del Templo de Debod, todo parece apuntar a la erección, bajo el reinado del faraón Sethi II, de la Dinastía XIX,, de una capilla bastante sencilla, precedida de ¿un pilono? (¿o tan sólo una corta escalinata?), dedicada a Amón-Ra, localizada en el arranque de un itinerario procesional que, saliendo de Asuán, culminaría en el gran templo de Amón en el Djebel Bárkal. El itinerario habría estado jalonado por Kultstationen, santuarios y capillas ubicados a intervalos regulares del viaje, Nilo arriba, en los que se rendiría culto al dios tebano Amón-Ra y al faraón mismo. Este magno programa procesional y constructivo fue obra de los ramésidas, y su finalidad político-religiosa no era sino la egipcianización de la región de Nubia, objetivo que se logró con creces. El templo de Debod habría surgido en este dilatado marco geográfico-religioso, como una modesta estación de la Baja Nubia, justo en la confluencia del wadi Debod con el Nilo, a unos 20 kilómetros al sur de Asuán. Las excavaciones realizadas en el tempío no han aportado restos más antiguos, por lo que cabe suponer que el reinado de Sethi II es el momento cronológico inicial del edificio. Conocemos algún documento epigráfico del Imperio Nuevo tardío en el que ya se manifiesta el culto al Amón del templo (Amón de Debod), por parte de un personaje que, con bastante probabilidad, se hizo enterrar en las inmediaciones de la capilla. El fin del Imperio Nuevo es el fin del control egipcio sobre Nubia. La ruta procesional ramésida en Nubia se abandona, y la información en torno a la capilla de Debod desaparece. El hallazgo de un sarcófago de la Baja Epoca (probablemente perteneciente a la Dinastía XXX), parece confirmar el uso frecuente de las necrópolis cercanas a Debod en el siglo IV a.C., hecho que fue paralelo a la presencia de Nectanebo I en Filé. Hacia 205 a.C. tiene lugar en Egipto la Secesión Tebana, levantamiento debido a causas tanto económicas como políticas (nacionalistas) y que conduce al establecimiento de facto de cuatro Estados en el Nilo: el reino de los Ptolomeos, la Tebaida independiente, el estado de Filé (el Dodekaschoenos) y el reino de Meroe. Durante los aproximadamente veinte años que dura la Secesión Tebana, en Alejandría se suceden dos reyes (Ptolomeo IV y Ptolomeo V), en Tebas dos monarcas etíopes (Harmachis/Hor-un-nefer y Anchmachis/Ankh-un-nefer), en Filé se conocen al menos dos gobernantes (Ergámenes II y Adikhalamani) y en Meroe se suceden Arnekhamani y Ergámenes II. Pero a esta división territorial en cuatro partes corresponden tan sólo dos poderes efectivos: los Lágidas en el norte y los reyes kushitas en el sur; estos últimos, aprovechando la debilidad momentánea de los reyes alejandrinos, así como también el descontento del campesino del Alto Egipto, colocaron a dos reyezuelos-títeres en la Tebaida, y controlaron de forma efectiva toda la Nubia, de Filé a Meroe. La actividad edilicia en la Nubia no se hizo esperar, y Ergámenes II erigió capillas en Dakkah, Kalabsha y Filé, mientras Adikhalamani lo hacía en Debod. La clara reivindicación territorial que tuvieron estas construcciones se reforzó con la erección de estelas conmemorativas, como la de Adikhalamani en Filé. Si queremos imaginar el aspecto que tuvo el templo de Debod en la época de Adikhalamani, debemos fijarnos en el de las capillas ergaménicas mejor conservadas. Tal sería el caso de la capilla kushita de Kalabsha, rentilizada después por los Ptolomeos y actualmente reerigida en Elefantina. Se trata de una capilla sencilla, de planta rectangular y con una sola estancia, precedida por un dromos empedrado que conducía al río Nilo. La decoración ocupaba todo el interior de los muros. En el templo meroítico de Debod, la relación de la capilla (erigida por Adikhalamani) con los restos ramésidas fue de mera superposición: los, por entonces arruinados, restos del edificio de Sethi II se encontraron bajo el dromos del templo, en las proximidades de la nueva capilla. Tras la campaña de Ptolomeo V en Tebaida, que fue paralela a la desaparición de Ergámenes II en Meroe, la situación política volvió al statu quo previo a la Secesión Tebana. Así, los Lágidas recuperaron Egipto, el Dodekaschoenos pudo mantener su autonomía administrativa frente a Alejandría, y los kushitas se replegaron territorial y culturalmente en torno de Meroe. El destino de las capillas ergámenicas y del templo de Debod será algo distinto, aunque en un primer momento no lo es tanto. Los Ptolomeos dejarán su impronta en los bloques de estas fabulosas construcciones, sumergiendo las estructuras kushitas en edificios ampliados que, al exterior, proclaman la presencia lágida. El templo de Debod sufre, bajo el reinado de Ptolomeo VI, su primera transformación: sobre uno de los pilonos de acceso, Filómetor rededica el templo a Isis, lo cual no hace sino regalar el edificio al "Estado de Isis" (Filé). Al culto a Amón de Debod, mantenido en la capilla meroítica de Debod, se añade ahora, en grado de igualdad o de superioridad, el de Isis de Filé. Queda así establecido en Debod desde este momento el doble culto. A partir de Ptolomeo VI, la presencia lágida en el templo de Debod es ocasional, coincidiendo con la política de presencia activa de los Ptolomeos en Filé y Nubia. Ptolomeo VIII Evérgetes II y Ptolomeo XIII Neo-Dioniso dedicaron los naoi monolíticos que tuvo el santuario. La presencia de los emperadores romanos en Nubia siguió las directrices políticas trazadas por los Lágidas. EI establecimiento de la gran frontera del Imperio en Maharraqa, y la hostilidad de kushitas y de nómadas llevaron a los primeros emperadores a reforzar su presencia en la Baja Nubia, tanto propagandística como militarmente. El 43 a.C., Augusto ordena la decoración, en su nombre, de la hipóstila de Debod (así como de otras estancias en Dakkah y Kalabsha), decoración que concluirá Tiberio. Tal vez a los emperadores Antoninos quepa atribuir una nueva y más modesta impliación del santuario, con la erección de la capilla lateral que rompe la simetría en planta del templo, sala que se abre al muro sur de la hipóstila de Debod. Es el gran momento de Filé; el culto a Isis se extiende por el Imperio. Probablemente sea también el mejor momento del templo de Debod y de los templos de la órbita de Filé, como lo es asimismo el de los grandes templos erigidos en el Alto Egipto. Los factores esenciales a la hora de entender el cierre del templo como edificio religioso fueren la cristianización oficial del Imperio y los cambios políticos de Nubia. Está por determinar la fecha en que dicho cierre tuvo lugar, señalándose los reinados de Teodosio y Justiniano como momentos más propicios (desde un punto de vista legal), pero seguramente el hecho rebasó el marco jurídico, y quizá haya que ponerlo en relación estrecha con el desmantelamiento de la frontera romana en la Baja Nubia. Aunque existen evidencias de la presencia cristiana en el templo de Debod (una cruz copta sobre el segundo pilono, tal vez la mutilación del Min representado en la capilla de Adikhalamani), no puede afirmarse que el edificio fuera convertido en iglesia. El abandono del templo de Debod como lugar religioso le convirtió en lugar de habitación ocasional (nómadas) y, posteriormente, estable (musulmanes). Sobre sus viejas piedras es posible documentar, por esta razon, huellas antropológicas de cronología incierta (excepto el obvio post- quern que ofrece el templo en si mismo) y, en algunos casos, de difícil adscripción etnográfica. Por un lado, el segundo pilono y los muros N y W del santuario recibieron frisos de relieves rupestres, realizados siguiendo la milenaria tradición nubia de arte rupestre. Este tipo de relieves, en Debod, parece que debe ponerse en relación (tipológica y tecnológica) con los hallados en torno a las rutas transaharianas del Sahara Oriental, que comunicaban el Africa urbana septentrional con el Sáhara profundo. Por otro lado, el mismo pilono sirve de soporte tanto a unos enigmáticos trazos simples (punteados) que, por su distribución regular, parecen numerales (¿un calendario?), como a un corto grafito en griego. Sobre el primer pilono encontramos un texto en árabe que debe corresponder a la apropiación islámica del viejo templo. De aquella ocupación árabe encontramos testimonios en los diversos documentos gráficos que dejaron algunos viajeros occidentales que llegaron a la Baja Nubia a partir del siglo XVIII. Ya en los dibujos de la obra de Norden aparece, entre los pilones de la obra, un muy característico palomar árabe, que luego desapareció (en 1.819, el dibujo de Debod, de Gau, ya no lo contiene). La presencia de los viajeros románticos en el templo de Debod dejó una nutrida colección de grafitties en los muros del santuario. La intervención, a principios del siglo XX, del Servicie de antigüedades selló la vida propia del edificio, que pasó a tener un carácter de monumento del patrimonio egipcio. A partir de ahí el edificio sufrió restauraciones, inundaciones, excavaciones, traslado a Madrid, anastylosis (reconstrucción), nuevos (e insospechados) deterioros, y actuaciones de dudosa eficacia, pero eso ya es otra historia.
 
Volver