Tumbas reales macedónicas

Es una evidencia la riqueza de las manifestaciones artísticas en la antigua Macedonia antes de la afirmación de su hegemonía sobre toda Grecia, situada en el 338 a.C. tras la batalla de Queronea, en Beocia. Las capitales de Filipo II, de Alejandro Magno y de sus sucesores (Pella y Egea, en los alrededores de la actual Palatitsia di Vergina) continúan siendo los mayores polos de atracción de interés para los arqueólogos. A estos yacimientos de gran relevancia, cabe añadir las necrópolis reales y aristocráticas de la propia Vergina, Lefkadia, Salónica y Dión. Uno de los tipos de monumentos arquitectónicos más interesantes de toda Grecia, erigidos entre los ss. IV y II a.C., son las tumbas macedonias. Se trata de construcciones hipogeas bajo túmulos de tierra, realizadas en la roca blanda tobosa, cubiertas con una gruesa capa de revoque que imita la brillantez del mármol pulido (blanco o policromo, allí donde había que subrayar la relevancia de las partes arquitectónicas), caracterizadas por una planimetría consistente en una cámara simple o en una antecámara y una cámara funeraria, cubiertas con una bóveda de cañón (sobre cuyo origen y cronología se ha discutido muchísimo), y precedidas de una fachada en forma de templo, con columnas y cornisamientos generalmente de orden dórico. Las fachadas y, algunas veces, las paredes interiores estaban decoradas con frisos pictóricos que demuestran, cuando aún son visibles, la elegancia y vivacidad polícroma de la pintura tardío-clásica y helenística. Eran las últimas moradas de soberanos y arcontes locales, así como de sus hetairoi "compañeros", que yacen en preciosas urnas, acompañados de un riquísimo ajuar para la eternidad. El gran número de difuntos demuestra el carácter familiar de la tumba, utilizada para depositar los restos mortales de varias generaciones. Para realizar un comentario, aunque breve, de las tumbas macedonias es imprescindible empezar por las célebres tumbas reales de Vergina, que descubrió Manolis Andronikos en 1.977 en una zona ya conocida por las numerosas sepulturas de rango. La tumba I, definida como "de canasto", a pesar de sus reducidas dimensiones (2,90x4,30x5 m), debía contener un valioso ajuar, desaparecido a manos de los ladrones de tumbas. No obstante, la tumba conserva interesantes frescos en tres paredes interiores. Una franja con grifos encarados entre flores constituía el límite inferior de los recuadros con refinadas imágenes de figuras femeninas -en las que el arqueólogo M. Andronikos fija los orígenes en el estilo de las elegantes lékythoi con fondo blanco de finales del siglo V a.C.- y, sobre todo, la rara escena del rapto de Perséfone a manos de Plutón: Hermes corre delante de la cuadriga del dios, que ya ha capturado a la desesperada Perséfone, bajo la mirada aterrorizada de su amiga Cíane. Los colores brillantes, la seguridad del dibujo y el aire dramático de los frescos permiten atribuirlos a Nicomano, célebre pintor de mediados del siglo IV a.C.. La tumba II, identificada con total seguridad como la tumba de Filipo II, apareció milagrosamente intacta. Esta tumba de 9,10x5,60x5,30 m es un ejemplo de la variante de dos cámaras dispuestas de forma axial, con una fachada con pórtico y entrada de doble batiente encuadrada con dos elegantes columnas dóricas. Sobre las mismas, se encuentra un arquitrabe polícromo y un friso que refleja una batida de caza con hombres a pie y a caballo (uno de ellos aparece caracterizado como si se tratara de un retrato) y animales salvajes, con un nivel artístico de excepción. Se cree que fue creado expresamente para esta sepultura. Las dos cámaras, cubiertas con una bóveda de cañón, custodiaban un rico ajuar fúnebre. La visión de los objetos tal como los encontraron los descubridores de la tumba provoca cierta emoción. El ajuar se encuentra en la misma posición en que lo dejaron los enterradores que sellaron las puertas, con la intención de cerrarlas para siempre. También son célebres las tumbas de Lefkadia, situadas entre Edesa y Veria, entre las que cabe destacar la llamada "Gran Tumba" o Tumba del Juicio. Ésta, de 10x8 m aproximadamente, está precedida por una antecámara rectangular más ancha que la cámara funeraria, en sintonía con la tipología macedonia más extendida: bóveda de cañón sobre ambas estancias, estructura de caliza blanda, fachada de templo tetrástilo in antis dividida en dos partes, ricamente decorada y coronada con un tímpano. La fachada presenta motivos de gran interés en la imponente decoración arquitectónica y pictórica. La parte inferior está dividida en cinco paneles, el más amplio corresponde a la puerta, mediante cuatro semicolumnas dóricas; en la mitad superior de los paneles laterales se encuentran cuatro frescos en excelente estado de conservación y únicos en cuanto a temática a lo largo de toda la historia griega, a excepción de algunos jarrones de escasa calidad. La escena muestra a Hermes en su papel de divinidad guiadora de las almas en el Reino de los Muertos, para conducir al difunto en presencia de los jueces del infierno Hades, Eaco y Radamanto. Para separar el registro inferior del superior, en el que se abrían siete ventanas falsas de doble batiente separadas por semicolumnas jónicas, se creó un sistema de arquitrabes consistente en un friso pintado de orden dórico con triglifos y metopas alternos (abajo) y en un friso continuo de tipo jónico de estuco pintado (arriba). En el primero se contaban once metopas con escenas de la lid entre lapitas y centauros; el segundo, una violenta y dramática contienda entre macedonios y persas, herederos de las batallas entre griegos y persas o entre aqueos y troyanos, tantas veces repetida en los decorados arquitectónicos de los edificios sagrados de la edad arcaica y clásica como metáfora de la eterna lucha entre el Bien y el Mal, entre Justicia e Injusticia. Aquí también se presenta como alusión a la condición aristocrática y, por ello, como menester "heroico" del difunto y como melancólico memento de la brutalidad de la Muerte. La cronología de la Tumba del Juicio coincide con el reinado de Alejando Magno (356-323 a.C.). Otras tumbas de Lefkadia dignas de mención son la tumba Kinch, por el nombre del investigador danés que fue el primero en estudiarla, y la tumba de Lisón y Calicles, nombre de la inscripción que aparece en ella. En los alrededores se han efectuado excavaciones de importantes complejos monumentales pendientes de recibir una interpretación en profundidad, pero que, sin duda, se trata de asentamientos residenciales relacionados con estas suntuosas sepulturas. En 1977, el equipo arqueológico de Andronikos, en el curso de una campaña de excavaciones en la necrópolis cercana a Vergina, un modesto pueblo macedonio, cercana a los restos del antiguo palacio real de Egea, descubrió dos tumbas intactas. Una de ellas, precisamente la tumba II, de doble cámara, fue identificada como la sepultura de Filipo II, el soberano macedonio que puso fin a la independencia de las ciudades-estado griegas, padre de Alejandro Magno. El descubrimiento desencadeoó un enorme interés en el mundo científico. La propuesta de identificación de Andronikos se acogió con cierta perplejidad, a pesar de que el maravilloso ajuar de objetos de oro, plata y bronce, escondido tras las dos hojas de la puerta de mármol, no ofreciera ninguna duda sobre su pertenencia a la familia real. Otros arqueólogos afirman que los dos difuntos (la antecámara guarda una urna que conserva los restos de la cremación de una mujer) son los restos de Filipo III Arrideo, hijastro y sucesor de Alejandro Magno en el 323 a.C., y de su mujer Eurídice. Dichas objeciones, han sido desmentidas por las investigaciones paleoantropológicas y paleopatológicas realizadas. El esqueleto de Vergina es sin duda el de Filipo II de Macedonia, que muestra la huella de la grave herida que sufrió en el año 354 a.C., durante el asedio de Metona, causante de la pérdida total del ojo derecho, así como la desfiguración parcial del rostro. La tumba II de Vergina también es de gran interés arqueológico por su suntuosa estructura y rico ajuar fúnebre. En la fachada dórica, caracterizada por un friso jónico pintado con una escena de caza, se abría una puerta de mármol de doble hoja, decorada con bulones en relieve, que daba a una antecámara y a una cámara funeraria dispuestas sobre el mismo eje. En ellas, junto a las larnakes (urnas con caseta) doradas con los restos de una mujer, se encontraban preciosos objetos de orfebrería, entre los que cabe destacar las finas láminas de oro con la estrella macedonia de ocho rayos en relieve, una aljaba de plata dorada, cinco cabezas en miniatura de marfil (de apenas tres centímetros de altura) que representan a cinco personajes de la familia real -se trata, sin lugar a dudas, de Filipo II, su mujer Olimpia y el príncipe Alejandro III- que podrían ser una versión menor, pero igualmente valiosa, del conjunto estatutario que el soberano encargó al gran escultor Leócares como monumento conmemorativo de la victoria de Queronea que tuvo lugar en el santuario de Olimpia. Además, una espada de bronce y su funda de madera con placas de marfil, los restos de una armadura entretejida con tela y cuero, decorada con placas de bronce con detalles en oro; un escudo de parada que "rivaliza" con el mítico de Aquiles descrito en la Ilíada por su variedad temática y escenográfica; así como la extraordinaria riqueza de los materiales utilizados, son hallazgos que proporcionan un testimonio excepcional del refinamiento y del lujo de los que hacía gala el arte de Macedonia desde los ss. precedentes (el Museo Arqueológico de Salónica posee hallazgos de excepcional interés y valor, procedentes de las necrópolis clásicas de Sindos y Haghia Paraskevi). Ver, Tipos de tumbas. )o()o( La arquitectura funeraria macedonia )o( La violación de todas las tumbas macedonias excavadas por los arquitectos antes de 1.977, indujo a muchos expertos a basar sus propuestas de datación cronológica exclusivamente en elementos arquitectónicos y técnico-estructurales presentes en las mismas, con inevitables errores de valoración. A la luz de descubrimientos más recientes, no son resultados fiables el módulo proporcional entre la altura de la tumba y la circunferencia desarrollada por el radio de la bóveda de cañón, ni tampoco la comparación tipológica de las decoraciones arquitectónicas, en general, distintas en cada tumba, en el blando y tosco poros estucado de la tradición local. Existen buenas razones para subrayar la dificultad de plantear una hipótesis de línea evolutiva en esta clase de monumentos arquitectónicos de los que la bóveda y la fachada son los elementos distintivos. El primer ejemplo de bóveda de cañón en una tumba griega es el de la cámara funeraria de Filipo II en Vergina (336 a.C.), antes de finales del siglo IV a.C., tradicionalmente señalada para justificar la teoría de la procedencia oriental de este tipo de tumbas, tras la expedición de Alejandro Magno, como si los griegos no hubieran tenido ocasión de absorber con anterioridad modelos arquitectónicos orientales o no hubieran sido capaces de elaborar las estructuras del arco y de la bóveda de cañón, así como la decoración pictórica funeraria. Manolis Andronikos, basándose en el análisis de cuatro textos de Sófocles, Platón, Séneca y Plinio el Viejo infravalorados por la crítica anterior; sugiere el carácter autóctono de la tumba de bóveda macedonia y revela la coincidencia entre los textos de Platón y el aspecto de la tumba II de Vergina, similar a la primera, sepultura provisional de Alejandro Magno, que describió Diodoro Sículo. Al parecer, en pleno siglo IV a.C., los arquitectos macedonios, tras haber incrementado las dimensiones de las tumbas personales y transformarlas en otras de formas monumentales, elaboran el techo en forma de bóveda como solución a los problemas estáticos de estas imponentes estructuras, completadas con fachadas esculpidas y pintadas para las que aún no disponemos de una secuencia evolutiva interna, pero que tienen en común elementos como la delineación de un pórtico de acceso (semejante a un propileo), a lo que podemos definir como la capilla del difunto, así como frescos y frontones de elegantes proporciones.
 
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