Pompeya
o Pompeii. Ciudad de Campania, al pie del Vesubio, cerca de Nápoles. El 24 de agosto del año 79, la vida se detuvo en Pompeya cuando la erupción del Vesubio enterró la vida y sus habitantes, entregando al mundo la fisonomía de un lugar "congelado en el tiempo", suspendido, como si se hubiera tratado de una explosión nuclear. En el momento de la erupción, Pompeya era una pequeña ciudad provinciana de unos 10.000 habitantes. No se trataba de un gran centro político y cultural, sino de una pequeña ciudad rural rodeada de vides y árboles frutales, situada en la desembocadura del Sarno y cerca del mar (las erupciones del Vesubio han alejado la costa más de un kilómetro y medio), una posición ideal para las comunicaciones y las actividades comerciales de la región. En realidad, la fama de que goza en el mundo el área arqueológica se debe en gran medida a las extraordinarias condiciones de emplazamiento y conservación del yacimiento, no al hecho de representar una aglomeración de particular relevancia en la época romana. En 1748, un campesino encontró unas estatuas, y poco después comenzaron los excavaciones, que han puesto al descubierto dos tercios de la ciudad, testimonio de incalculable valor para conocer la técnica de construcción y género de vida de los romanos. Salvo esporádicos campamentos en la primera Edad del Hierro, los orígenes del asentamiento se remontan a la primera mitad del siglo VI a.C., cuando se construyó la primera muralla de forma cuadrada que rodeaba un área de más de 60 hectáreas. Entre finales del siglo VI y durante el siglo V a.C., en Pompeya se utilizan materiales de producción etrusca, como los búcaros, que dejan entrever, no ya una ocupación, sino unos contactos comerciales con la Campania dominada por los etruscos. Los datos disponibles de la excavación sugieren que en esta época existía una sociedad sustancialmente indígena, si bien permeable a elementos culturales típicamente etruscos. En el siglo V, los samnitas ocupan este asentamiento. Este pueblo centro-meridional de Italia, realizó la reestructuración de la muralla urbana con bloques de caliza. El dominio samnita se extiende desde el siglo V hasta principios del I a.C., bajo el que la ciudad conserva una administración autónoma. Una vez aniquilada de forma definitiva la aristocracia samnita durante la guerra social (91-89 a.C.), empieza la historia romana de Pompeya, considerada colonia en el año 80 a.C. y bautizada como Cornelia Veneria Pompeianorum por Publius Cornelius Sulla, sobrino del dictador Sila. En virtud de la fuerte producción agrícola y de la febril actividad del puerto, la ciudad podía gozar de una considerable prosperidad económica. El desarrollo urbano fue bastante extenso y discontinuo; en el curso del siglo II a.C., se construyen las nuevas áreas residenciales, con grandes palacios y pavimento de mosaico. Una de las más famosas es la Casa del Fauno, denominada así por el hallazgo de una estatuilla de bronce de este mitico ser. Se trata de un edificio de más de 3.000 m2, más grande que el palacio real de Pérgamo. El barrio antiguo, que se extiende en el área sudoeste, está orientado hacia el Foro, hacia los principales edificios municipales y los templos de Apolo y Júpiter. En la misma época, se erigieron la mayoría de los edificios más importantes, como las Termas de Stabies, el teatro, la basílica y el templo de Júpiter. En cambio, los demás barrios están urbanizados en varias fases, siguiendo un desarrollo de oeste a este. En el centro de la ciudad, en el lado oriental, frente a la puerta Stabiana, se elevan el teatro descubierto donde se representaban espectáculos dramáticos y pantomimas, y el odeón, el teatro cubierto mayoritariamente destinado a manifestaciones musicales y conciertos. En la primera mitad del siglo I a.C., con gran anticipación respecto a Roma, se procedió a la construcción del anfiteatro, que sigue siendo el edificio más antiguo de este tipo enteramente conservado; junto al anfiteatro se construiría el gran gimnasio. Para terminar, entre los edificios públicos de cierta importancia cabe destacar las termas, dos de ellas construidas en época republicana y la tercera, tras el terremoto del 62. El proceso de urbanización se completa con las calles adoquinadas con bloques de basalto lávico y con pasos peatonales formados con bloques ovalados elevados, que permiten cruzar de una acera o otra sin mojarse, dejando a la vez espacio para las ruedas de los carros y vehículos; aún son visibles las huellas de los carros en el pavimento de las calles, en forma de largos y profundos surcos. El resto de la aglomeración urbana estaba formada por barrios residenciales, almacenes, tiendas y modestos talleres artesanales e industriales. Algunos edificios han sido bautizados de acuerdo con las características arquitectónicas o decorativas, con los objetos hallados, con el nombre o la personalidad del antiguo propietario. De esta forma, tenemos la Casa del Fauno, la Casa de los Vettii, la Casa del Centenario, la Casa de Menandro o la Villa de los Misterios. En el año 62, Pompeya sufrió un fuerte terremoto que causó tantos destrozos que, en el momento de la catastrófica erupción del 79, el templo de Venus, divinidad protectora de la ciudad, seguía parcialmente destruido. A pesar de que el gran público a menudo cree que nuestros conocimientos sobre Pompeya son sólidos y definitivos, ello no es así, sino que se enriquecen continuamente con nuevos datos aportados con las excavaciones e investigaciones. Raramente los descubrimientos son sorprendentes, pero los elementos que emergen de las prospecciones arqueológicas permiten la paciente reconstrucción de los aspectos más recónditos de la vida cotidiana de la época. Por ejemplo, entre los datos más recientes de las excavaciones arqueológicas se encuentran los de la exploración de la región I, insula 16. En este área se ha hallado una cocina que presentaba, con dramática integridad, todos los objetos y los materiales indispensables para quien estaba a punto de tomar una comida caliente: una olla de barro colocada sobre las cenizas del hogar, acompañada de otras vasijas que servirían para calentar los alimentos; un poco más lejos, apoyadas sobre el muro, algunas ánforas para el agua, mientras que había otras que yacían invertidas para que se secaran, destinadas a conservar el vino que acababa de llegar del campo. En el siglo IV, la plaza principal de Pompeya se presentaba como un área abierta de reducidas dimensiones, carente de pórticos, pavimentada con piedra y rodeada de pequeños comercios. En el siglo II fue sometida a una gran transformación: el Foro se expande de norte a sur sobre una superficie de 142 m de longitud y 38 de ancho, y se convierte en el centro neurálgico de la urbe, con pórticos monumentales, edificios sagrados y públicos en tres lados, mientras que en la parte norte está cerrada mediante arcos conmemorativos realizados en ladrillo. El área septentrional del Foro fue ampliada, alrededor del 150 a.C., para dejar lugar al templo de Júpiter, edificio hexástilo corintio edificado sobre un elevado podio, con un pronaos profundo y una naos de tres cámaras donde se encuentran las estatuas de culto tras la transformación en Capitolium de la colonia de Sila. En el lado oeste del Foro, encontramos el templo de Apolo, originariamente construido en la primera mitad del siglo VI a.C. y, más tarde, reconstruido en el siglo II a.C.. En esta última versión, el templo, orientado al sur, deviene períptero, con una escalinata de acceso y naos de alto podio, y un pórtico cuádruple a todo su alrededor. El ángulo sudoeste de la plaza está ocupado por la basílica, una de las más antiguas, con planimetría de tres naves y desarrollo longitudinal (finales del siglo II a.C.), precedida de una entrada monumental descubierta (chalcidicum), mientras al fondo se yergue el "tribunal" (palco destinado a los magistrados) de dos plantas y doble orden de columnas superpuestas. La gran sala interior posee, en los cuatro lados de 12 x 4 metros, de columnas y semicolumnas jónicas de ladrillo cubierto con estuco (la estancia, que debía de estar cubierta, posee una larga galería que rodea el ambulacro, emulación de las plazas porticadas helenísticas); las paredes están decoradas con pinturas del primer estilo pompeyano. La basílica estaba destinada a actividades de administración de justicia y a transacciones comerciales. Edificios de la administración pública ocupan el lado sur del Foro. Allí operaban los hombres más importantes de la ciudad: duunviros, decuriones y ediles. Entre estos edificios, el central presenta en las paredes una serie de hornacinas, posiblemente destinadas al tabularium (archivo). En el lado oriental, muestra principal de la actividad constructora de la edad imperial, encontramos el comitium, con la tribuna de los magistrados en el lado sur, edificio destinado a las asambleas populares y a la elección de los magistrados. En el mismo lado, un poco más al norte, y adyacente a la vía de la Abundancia, se encuentra el edificio de Eumaquia, una basílica denominada así porque en la edad imperial la sacerdotisa pública, Eumaquia, ordenó su construcción. Su nombre aparece grabado en el arquitrabe del pórtico delantero, así como en una inscripción colocada frente a la entrada laleral de la vía de la Abundancia. En el interior de la basílica, ligeramente desplazada respecto al eje del Foro, se desarrolla un pórtico cuádruple con dos órdenes de columnas, a la vez que en el lado oriental se encuentra un ábside donde estaba colocada la estatua de la Concordia Augusta. En el interior, sorprende la presencia de un recipiente de terracota situado en la pared y utilizado para recoger la orina, usada como desengrasante para la elaboración de la lana. Más al norte, se halla el templo de Vespasiano, tetraxilo, sobre alto podio, al que se accede a través de una entrada con columnas y un patio, en cuyo centro se encuentra un altar de mármol para los sacrificios en honor del emperador. Junto al templo, se levanta el Santuario de los Lares Públicos (dioses protectores de la ciudad), construido en la edad neroniana, en parte del espacio destinado al pórtico del Foro, formado por un atrio descubierto con hornacinas en las paredes y un amplio ábside en el fondo coronado con un tímpano. Para terminar, el último edificio del lado este del Foro es el macellum, el mercado cubierto, dotado de un patio rectangular rodeado de comercios. Al fondo, en el ángulo sudeste se encuentra una capilla dedicada al culto de la casa imperial, que alberga las estatuas de los refundadores del macellum; junto a ella, existen dos estancias con un altar para la celebración de banquetes de sacrificio y mostradores para las actividades comerciales. El centro geométrico de la plaza es de ladrillos, construido con especial atención para dejar espacio a una inscripción realizada con letras de bronce que conmemora la obra; en el mismo punto, se erigían monumentos en honor a personalidades locales y de Roma. La evolución monumental del Foro, se encontraba completa en el siglo I a.C., hasta el momento de la erupción. La definición arquitectónica se realiza según los cánones formales ya consolidados en el mundo romano y helenístico tanto en la capital (Foros Imperiales), como en las provincias occidentales, privilegiando el eje norte-sur que concluye, en el modelo pompeyano, con el majestuoso templo de Júpiter. Los estudios y análisis se concentran con particular atención en los espacios verdes de las villas de Pompeya, que constituyen ejemplos significativos de arquitectura de jardín y, probablemente, de arquitectura a secas. La armonía y la distribución racional, así como la alternancia de elementos estructurales, de espacios abiertos y de las lujosas decoraciones murales representan con absoluta fidelidad los gustos estéticos de la época, mostrándonos en toda su amplitud las peculiaridades de la vivienda pompeyana, es decir, la casa con atrio. A partir del siglo IV-III a.C., las casas más antiguas de Pompeya tenían la característica planta con atrio de tipo itálico con el impluvium en el centro, el estanque para recoger el agua de lluvia. El atrio comunicaba directamente con el comedor (tablinum) y, al fondo, se hallaba el hortus, el espacio cultivado, circunscrito y ocultado con imponentes muros. En el curso del siglo II a.C., tiene lugar la transformación del atrio itálico en peristilo, de tradición helenística, consistente en un amplio pórtico con columnas y, en el centro, el viridarium, el jardín, que se convierte en un añadido arquitectónico de las viviendas de lujo. Dicho espacio se integra con suma perfección en el contexto arquitectónico y hasta las pinturas murales interiores lo reproducen o evocan imágenes del mismo, iluminando las casas con espacios abiertos llenos de abundantes arbustos floridos, de sauquillo, laurel, palmeras y otras plantas; en las casas de Pompeya se conservan más de cincuenta imágenes pictóricas de jardines. El viridarium agrupaba múltiples funciones: se cultivaban flores y plantas para las ofrendas a los dioses, así como hierbas medicinales, pero además allí se encontraban los símbolos asociados a los dioses de las estaciones. Habitantes, pompeyanos. Hoy, Pompeya, Città metropolitana de Napoli, región de Campania, Italia. Ver, Murecine.
)o()o( La gran erupción )o(
Plinio el Joven fue testigo y cronista de la erupción del Vesubio que tuvo lugar el 24 de agosto del 79 d. J.C. En aquel momento, se encontraba en Miseno, en casa de su tío Plinio el Viejo, comandante de la flota romana del Tirreno. La narración de Plinio, que nos ha llegado gracias a dos cartas que él mismo envió al historiador Tácito (Epistulae VI, 16 y 20), nos describe con detalle los fenómenos físicos de la erupción, a la que no sobrevivió ni su tío (murió a causa de los gases, mientras intentaba socorrer a la ciudad con la flota). A propósito de la masa de materiales, expulsada del volcán, Plinio habla de una "copa de pino", por lo que se deduce que se trató de una explosión con forma de hongo, una nube incandescente de cenizas y partículas volcánicas que cubrió toda la región. La nube se desplazó hacia el sudeste y afectó a Pompeya y a Stabia. El primer día, el volcán en erupción emitió sobre todo partículas volcánicas que se depositaron, sin causar víctimas, en los espacios urbanos abiertos, huertos, parques, jardines; de las excavaciones efectuadas resulta que dicho estrato de depósitos llegó a medir casi tres metros. En la segunda fase de la erupción cayó una intensa lluvia de cenizas con emanaciones de gases venenosos, que causaron estragos entre los habitantes que no se habían puesto a salvo; otros murieron aplastados por el derrumbamiento de edifcios y a causa del insoportable calor. Algunos cuerpos, sumergidos y rodeados por las cenizas enfriadas y solidificadas, han dejado su propia huella en la costra formada después de consumirse la materia orgánica. Este fenómeno ha permitido verter yeso líquido o resinas especiales en las cavidades para obtener calcos sólidos de los cuerpos humanos envueltos en cenizas. La erupción, tras violentas sacudidas telúricas, cesó al tercer día, dejando la ciudad cubierta por completo de una capa de cenizas y partículas de lava de más de cuatro metros, que siguió creciendo hasta alcanzar entre seis y diez metros en las erupciones sucesivas a la del 79. El elevado grosor de esta capa solidificada ha conservado las estructuras arqueológicas de los procesos de erosión natural y, sobre todo, de robos y pillajes.

