Eurídice

La más célebre de las heroínas de este nombre es la dríade, esposa de Orfeo, hija de Nereo y de Dóride. Paseándose un día con sus compañeras, las náyades, por un prado de Tracia, fue mordida por una serpiente. Virgilio, para ligar esta leyenda con la de Aristeo, supone que el accidente se produjo cuando la joven huía de éste, que la perseguía con el deseo de violarla. Muerta Eurídice, Orfeo la lloró y, desesperado, no vaciló en descender a los Infiernos en su busca. Supo conmover a las divinidades infernales con sus cantos y le fue permitido volver a llevársela a la tierra, pero con la condición de no intentar mirarla antes de haber salido a la luz del sol. Eurídice lo seguía por el camino de regreso, y estaban los dos a punto de dejar el mundo infernal cuando Orfeo, no pudiendo resistir el deseo de verla de nuevo, se volvió. Inmediatamente, una fuerza irresistible arrastró otra vez a Eurídice a los Infiernos, y Orfeo hubo de regresar solo a la tierra.
 
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