Embalsamador

Eran los encargados y expertos en el embalsamamiento. Encajar a estos personajes dentro del cuerpo de sacerdotes del Antiguo Egipto es quizá algo aventurado. Los textos (Heródoto y Diodoro de Sicilia) no nos presentan la imagen de los embalsamadores de una forma muy favorable y dejan muy clara la repudia que el pueblo sentía ante ellos, porque, al estar en contacto permanente con la muerte, "apestaban". A estos individuos, o al menos a los de más baja procedencia, se les acusó del robo de los amuletos que se les confiaban para que introdujeran entre las vendas de las momias tras tratar el cuerpo para embalsamarlo e, incluso, les culparon de tener tratos carnales con los cuerpos de las mujeres. Estas opiniones, contrastan con la presencia de algunas tumbas en Tebas oeste, donde los embalsamadores se inhumaron. La posesión de un enterramiento, y más si estaba decorado, era señal de miembros señalados de la sociedad egipcia y no de "despojos" sociales. Los embalsamadores pertenecían al clero de Anubis y Osiris, como los Servidores del Ka, pero cada uno tenía una especialización. Los primeros se dedicaban a la conservación del cuerpo y los segundos al culto del difunto para su sustento tras la muerte. Estaban bajo la dirección de un Director de Embalsamadores, llamado también Supervisor de los Secretos del Lugar o Anubis. Quizá la función directiva estaba en manos de un Sacerdote Lector que dirigía el ritual y que actuaba como el jefe "de facto" de los embalsamadores. Él era imprescindible para la buena marcha del rito y para recitar las "Glorificaciones" del difunto o las fórmulas precisas que debían entonarse en cada momento con un orden preciso. El colectivo de embalsamadores practicaba las ceremonias más importantes inmediatamente después de la muerte y acogían al difunto a su llegada a la orilla Oeste, con una comitiva de dos grupos de seis hombres, a cuya cabeza se encontraba el sacerdote principal, revestido con una máscara del dios Anubis, patrono de las necrópolis y guardián de los muertos. Los sacerdotes asistentes eran de orden menor, y en los textos se les llamó los Hijos de Horus o los Hijos de Jenty-irti. Se encargaban de la preparación de mezclas, hierbas y ungüentos. Finalmente, quedaban los simples embalsamadores Ut, que eran los responsables de trabajos menores, tales como colocar el cadáver boca arriba sobre la cama de embalsamamiento, después de haber sido eviscerado, cubrirle con natrón durante 35 días, el maquillaje del cuerpo inerte, es decir, el rojo para los hombres y en ocre amarillo para las mujeres, aplicándoles Henna a las plantas de los pies y las manos. ¿En este caso, cuál era la razón para la utilización de cosméticos? La respuesta quizá podemos encontrarla en nosotros mismos, ya que actualmente se siguen retocando los cadáveres antes de ser enterrados. En el caso de los antiguos egipcios, este acicalamiento tenía, además, una función mágica: tener la apariencia de vivos, para que se produjera el renacimiento en el Más Allá. En 1.983, un estudio sobre los Médicos del Egipto faraónico, entiende como Ut a personajes relacionados con el embalsamamiento y el vendaje del cuerpo, cuyo estudio de la anatomía humana les pudo llevar a relacionarse con el campo de la cirugía. Sabemos que en la Ceremonia de Apertura de Ojos y Boca era un Ut el encargado de cortar la cabeza de los bueyes rojos destinados para el sacrificio. Por último, el encargado de practicar la incisión en el cuerpo del difunto, para retirar las visceras del fallecido (que se embalsamaban aparte), se denominaba Paraschistai. Durante el Período romano, los embalsamadores fueron denominados Taricheutai. Ya no estaban considerados como miembros de un clero despreciable, y pasaron a formar parte de una clase superior. Las prácticas llevadas a cabo sobre los cuerpos de los difuntos han sido estudiadas en base al análisis de las momias. No obstante, fue Heródoto el que explicó de forma más explícita cual era el proceso, detallando las tres clases conocidas por él.
 
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