Epeo
o Epeios. El más célebre de este nombre, es hijo de Panopeo. Tomó parte en la expedición contra Troya a la cabeza de un contingente de treinta naves, pero no era un guerrero muy valeroso. Distinguióse sobre todo en el combate de boxeo celebrado en los juegos fúnebres desarrollados en honor de Patroclo, pero fracasó en el lanzamiento del disco. Su principal título de gloria es haber construido el caballo de madera que sirvió para tomar la ciudad de Troya. Durante su viaje de regreso, Epeo, separado de su jefe de línea, Néstor, fue a abordar en Italia meridional, donde fundó la ciudad de Metapontio o la de Lagaria, contigua a ella. Allí consagró a la diosa Atenea las herramientas que había empleado para fabricar el caballo de Troya. Otra tradición hace de él el fundador de Pisa, en Italia central. Arrojado por la tempestad a la costa italiana, Epeo habría desembarcado, y las cautivas troyanas que conducía, habrían incendiado sus barcos. Desesperando de poder llegar nunca a su patria, el héroe y sus compañeros habrían fundado entonces la ciudad de Pisa, llamada así por su homónima de Élide. Se atribuye a Epeo una estatua milagrosa de Hermes (xoanon), adorada en Eno o Ainos (Tracia). Este Hermes, esculpido en Troya, había sido arrastrado por la crecida del Escamandro cuando este río trató de detener a Aquiles. De allí llegó a la ribera de Eno, donde unos pescadores la cogieron con sus redes, Como la estatua era de madera, quisieron partirla para convertirla en leña, pero sólo lograron causarle un corte insignificante en el hombro. Entonces la echaron al fuego, pero no ardió, por lo cual la arrojaron al mar; pero volvió a cogerse en sus redes. Comprendiendo que era una imagen divina, le erigieron un santuario. Esta leyenda ha sido narrada por Calímaco en un poema del que poseemos sólo algunos fragmentos. Epeo está representado detrás de Agamenón, en un bajo relieve arcaico del Louvre, procedente de Samotracia.

