Harpálice

La primera heroína de este nombre es una mujer tracia, hija del rey Harpálico. Habiendo muerto su madre cuando ella era todavía una niña de tierna edad, Harpálico la crió con leche de vaca y yegua y la acostumbró a luchar con la esperanza de hallar en ella un sucesor; puesto que no tenía ningún hijo varón. Harpálice le tomó gusto a este género de vida y llegó a alcanzar gran destreza en el manejo de las armas. En ocasión de un ataque contra su padre, ataque realizado por los getas, pueblo bárbaro de las llanuras danubianas, o tal vez por los compañeros de Neoptólemo a su regreso de la guerra de Troya, su progenitor se vio envuelto por el enemigo y herido gravemente, y habría muerto si su hija no hubiese volado en su auxilio y lo hubiese salvado. Más tarde, Harpálico fue expulsado por un levantamiento, que con su crueldad había provocado. Retiróse al bosque, acompañado de su hija, la cual atendió entonces sus necesidades mediante la caza y, sobre todo, realizando incursiones de pillaje contra los establos y rediles de los alrededores, hasta que, al fin, los pastores le tendieron lazos, como si se tratase de una fiera, la capturaron con redes y la mataron. Pero su muerte trajo como consecuencia sangrientas riñas. Cuando se apoderaron de Harpálice, la muchacha llevaba un cabrito, botín de su última rapiña. Los pastores se disputaron el animal con tanta saña, que a algunos les costó la vida. Erigióse una tumba a Harpálice y se le tributó un culto. En la fiesta que se celebraba en su honor, los fieles se entregaban a simulacros de lucha, en recuerdo, decíase, de las que habían seguido a su muerte.
 
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