Libaciones

Ceremonias religiosas que consistían en llenar un vaso de vino, de leche, o de cualquier otro licor y derramarlo en seguida todo entero en honor de alguna divinidad sobre una víctima o en el suelo, después de haberlo probado o acercado a los labios. Acompañaban ordinariamente los sacrificios, que algunas veces se celebraban solos, en las negociaciones, los tratados, los casamientos, los funerales, antes de emprender algún viaje por tierra o mar, acostándose, al levantarse y al principio y al fin de los convites. Las libaciones de los convites eran de dos especies. La una consistía en quedar un pedazo separado de viandas. La otra en derramar algún licor sobre la hoguera en honor de los lares, o del genio titular de la casa, o de Mercurio que presidía a las felices aventuras. Ver, Patellarii. Se ofrecía vino aguado a Baco y a Mercurio, porque este dios tenía comercio con los vivos y los muertos. Todas las demás deidades exigían libaciones de vino puro. En los actos solemnes la copa con que se hacía se coronaba de flores. Antes de hacer las libaciones, se lavaban las manos y recitaban ciertas oraciones. Estos ruegos eran una parte esencial de la ceremonia de los matrimonios. Además del agua, vino, aceite y leche, se ofrecía también miel a los dioses, y los griegos la mezclaban con agua para sus libaciones en honor del Sol, la Luna, y las ninfas. Las libaciones más frecuentes eran las de las primicias de los frutos, que se presentaban en platillos llamados Patellae. Cicerón observa que la gente poco escrupulosa comía estos frutos reservados a los dioses. En fin, los griegos y romanos hacían libaciones sobre los sepulcros, en la ceremonia de los funerales. Después de la batalla de Actium, el senado ordenó una para Augusto, en los festines públicos como también en los convites particulares. Ver. Libatorium.
 
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