Nebmaatre Amenhotep III
(ss. XV-XIV a.C.). Faraón del Imperio Nuevo y de la Dinastía XVIII (1.552-1.305), que reinó entre 1.402-1.364. También se le conoce como Amenofis III. Hijo y sucesor de Tutmosis IV y de la reina de origen mitannio Mutemuja, identificado más tarde por los griegos como Memnón. Cuando Amenofis III subió al trono de Egipto se encontró con una situación inmejorable, ya que era el país más poderoso y rico del mundo conocido, siendo la autoridad real respetada y reconocida por todos los demás soberanos. El Imperio Egipto era intocable, llegando tributos y presentes de todos los lugares conocidos. Máximo esplendor de la Dinastía XVIII, con gran boato y lujo. Con él, la civilización egipcia clásica alcanzó su cenit. Sus primeros años de gobierno contaron con la regencia de su madre, pues Amenofis III tenía unos diez años de edad cuando accedió al trono. Gracias a los reinados anteriores y a sus colaboradores (Ptahmes, Aanen, User, Meryptah), el nuevo rey pudo gobernar en un ambiente de paz, desde Napata hasta Naharina, y de gran prosperidad económica, con control directo de las rutas comerciales y puertos, y un patrón monetario referencial o deben. Dedicó su atención al fomento de las artes y a las construcciones monumentales, dirigidas en su mayoría por su arquitecto Amenhotep, hijo de Hapu, personaje que acabaría siendo divinizado en la Baja Época, a semejanza de Imutes, el arquitecto del Imperio Antiguo. Poco después de acceder al trono con el nombre neswt bity de Nebmaatre, efectuó una campaña contra los nubios, que dirigidos por un tal Ikheny se habían sublevado. Más tarde todavía efectuaría otra campaña a Nubia, mandada por el Hijo real de Kush, Merymose, pero más como demostración de fuerza y de represión que como guerra de conquista (Estela de Semna). Tras ello pudo dedicarse a su deporte favorito, la caza, en cuyo transcurso, según dice un escarabeo conmemorativo, mató 102 fieros leones, y a la diplomacia internacional (entente con los hititas, firma de tratados con Mitanni, Babilonia, tributos de Asiria). Prosiguió con la política matrimonial de su antecesor por necesidades políticas, contrayendo matrimonio con Kelu-Khepa, hija del rey de Mitanni, Shuttarna II, y con Tadu-Khepa, hija del también rey mitannio Tushratta; asimismo, dos princesas babilonias, las hijas de los reyes Kadashman-kharbe I y Kurigalzu I, otras dos princesas más, hijas respectivamente de Tarkhundaraba de Arzawa y de Satiya de Enishasi, pasaron a su harén, según se sabe por los correspondientes escarabeos conmemorativos. Es sin duda el cuarto Faraón del que habla la Biblia y el último que figura en el Pentateuco. En el libro del Éxodo, se cita como perseguidor de los israelitas. Su esposa principal fue Tiy, de gran carácter, hija de Yuya y de Tuya y que dio a Amenofis III seis hijos, entre ellos Satamón II, princesa con la cual luego se unió el rey y a la que reconoció oficialmente como su esposa, y también Isis, a quien tomó asimismo como consorte. Otros hijos fueron Thutmosis, designado heredero y que murió joven; Amenhotep (el futuro Akhenatón) y muy probablemente Smenkhkare y Baketatón. En el año undécimo de su reinado, según se sabe por una serie de pequeños escarabeos conmemorativos, construyó y dedicó un magnífico lago artificial para reina Tiy en un lugar llamado Djaruja destinado no sólo al recreo y placer sino también a la regulación hidráulica. Secundado siempre por su esposa Tiy, prosiguió con las directrices políticoreligiosas de su padre. Así, el clero de Amón siguió alejado de los altos cargos civiles, mientras que el rey, que residía largas temporadas en Menfis, proseguía su aproximación al clero de Heliópolis y al culto al disco solar (Atón). Sembró el país de templos y gigantescas construcciones de un refinamiento extraordinario, ayudado en esta labor por su arquitecto Amenhotep. De su actividad constructora se tienen pruebas prácticamente en todo Egipto, desde el delta hasta Sudán, destacando, sin embargo, su templo funerario, que destruiría luego Merenptah, y del que quedan muy pocos vestigios, entre ellos sus dos celebérrimos Colosos de Memnón, de más de 14 m de altura, en las cercanías de Medinet Habu; el templo de Luxor con la magnífica columnata; el pilono occidental de Karnak; la serie de 600 estatuas de la diosa Sekhmer; los templos de Soleb y Sedeinga en Nubia; y su palacio, no lejos de Malqata, prácticamente desaparecido y en donde celebró tres Fiestas Sed en los años 30, 34 y 37 de su reinado. Al final de su reinado, cinco potencias contaban esencialmente en el panorama internacional del Próximo Oriente: los Imperios de Egipto y Mitanni, con frontera común en Siria; Babilonia, que mantenía una alianza defensiva con Siria, y el Imperio hitita. La ausencia de práctica militar por parte de Amenofis es considerada como una de las causas que provocará la caída del Imperio en los siguientes 50 años. Su negativa a realizar visitas de inspección a las tierras sirias motivaría el germen de una conflictiva situación. Amenofis confiaba en la fidelidad que le debían brindar los príncipes enemigos educados en la corte egipcia, práctica habitual desde época de Amenofis I. La subida al trono hitita de Suppiluliuma traerá complicaciones ya que invadirá Mitanni. El rey Tushratta solicitará ayuda a Amenofis III logrando la expulsión de los hititas del país de Mitanni. Pero Suppiluliuma cambió de estrategia y consideró necesario la expulsión de los egipcios de Asia como su objetivo prioritario. Inició una labor de atracción de los descontentos como los reyes de Qadesh y de Amurru. Los aliados iniciaron la conquista de los puertos fenicios y de la zona norte de Siria lo que no motivó el envío de tropas por parte del faraón. Los problemas bélicos a finales de su reinado, son posiblemente la causa del nombramiento de Ptahmose, sumo sacerdote de Amón, como visir del Alto Egipto, para reforzar la cohesión interna del país, ante la amenaza de una desestabilización exterior. Al final de su reinado empezó a promover el culto a Atón (él se llamaba a sí mismo Iten Thehen, "el Disco solar resplandeciente"), que tanto predicamento alcanzaría con Amenofis IV, su hijo y sucesor, y a quien había tomado como corregente. Sintiéndose enfermo no dudó en solicitar de Tushratta de Mitanni el envío de la imagen de la diosa Shaushka de Nínive, de virtudes curativas, para remediar su salud. De Amenofis III han llegado diferentes estatuas que nos permiten conocer sus rasgos físicos, destacando entre ellas las Cabezas del Metropolitan Museum de Nueva York (44,5 cm de altura), del Cleveland Museum of Arts (17,3 cm de altura) y del Louvre (34 cm de altura). Sus primeros retratos lo representan como un príncipe hermoso, pero en sus últimos años es retratado, con un candor inusual, como gordo e hidrópico. Tras un reinado largo y espléndido, fue enterrado en el valle de los Reyes, en una magnífica tumba acorde con su figura (WV 22), pero fue saqueada, salvándose su momia al ser ocultada después en la tumba de Amenofis II. Dejó en el trono a Amenofis IV más conocido por Akhenatón, al poner en marcha una complicada reforma religiosa. Ver, Kelu-Khepa, Tadu-Khepa.

