Neferjeperure Amenhotep IV

Faraón del Imperio Nuevo y de la Dinastía XVIII (1.552-1.305), que reinó entre 1.364-1.347. También se le conoce como Amenofis IV y como Ajenatón. Hijo y sucesor de Amenhotep III y de la reina Tiy. Casado con Nefertiti, esposa principal y reina y tal vez hija de un alto funcionario llamado Ay. Se casó también con la princesa mitánnica Tadu-Jeba, hija de su aliado Tusharatta, con lo que asumía los compromisos diplomáticos de su padre y revalidaba la alianza con Mitanni. Estaba poseído por una fe inmensa en un dios único, esencialmente bueno, creador de todo lo existente. Rechazó todos los mitos de la religión tradicional. Sus ideas se fueron oponiendo, progresivamente, al pensamiento religioso del clero de Amón en Tebas, mientras que el rey buscó, para apoyarlas, el pensamiento del clero solar de Heliópolis. El enfrentamiento religioso pasó al terreno político, formándose dos facciones: la clerical y la real, con un enfrentamiento abierto entre la monarquía y el poderoso clero de Amón. El rey no supo ver ni el peligro interior, representado por el clero de Amón, ni el exterior, personificado por el rey hitita Shuppiluliuma. Al principio de su reinado se esforzó en mantenerse fiel a las formas de la tradición, como lo demuestra su nombre inicial y el hecho de ser coronado en Karnak. Pronto, hizo construir en Tebas, un templo a la divinidad solar Re-Haractes, el sol inmaterial del firmamento, al que llamaba Atón. Para ello utilizó la técnica de los talatat. Se proclamó gran sacerdote. En el año 4 estalló la crisis. Rompe sus relaciones con el clero de Amón, abandona Tebas y funda una nueva capital que llamó Ajetatón (Tell el-Amarna) y cambia de nombre pasando a llamarse Ajenatón. Con él, muchos funcionarios que le siguieron cambiaron de nombre. El culto de Amón fue abolido oficialmente y sus inscripciones y representaciones, sistemáticamente destruídas. En su lugar se instauró el culto a un dios único, sin forma material ni imágenes, representado por el disco solar, Atón. Se cerraron los antiguos templos, se confiscaron sus inmensas riquezas y se suprimió la clase sacerdotal. Todo ello, junto con la inexperiencia de los nuevos cargos dieron paso a la corrupción, que, con rapidez, se extendió a todas las estructuras del Estado. El final del "cisma" parece que llegó por influencia de la reina madre Tiy, quien convenció a su hijo para alcanzar una reconciliación con el clero de Amón. Esto provocó la separación de la reina Nefertiti, una de las más firmes seguidoras del nuevo culto, en el año 12 (1352), sin abandonar Ajetatón, siendo sustituída por la hija primogénita de ambos, Meritatón. Para calmar los ánimos, Akhenatón nombró corregente a su yerno Esmenjkare, que falleció al poco tiempo. En política exterior, los gravísimos problemas internos, religiosos, políticos y sociales y el absoluto desisterés por los problemas internacionales, iban a ser aprovechados por un genio de la guerra como Shuppiluliuma. Mitánnicos e hititas se preparaban abiertamente para la guerra. La 1ª Guerra Siria, hacia 1350, parece coincidir con un momento especialmente grave del reinado de Ajenatón. Se producen múltiples guerras. En los últimos años del reinado de Ajenatón, Egipto se encontraba al borde del desastre. La nefasta política exterior llevó al Imperio egipcio en Asia, a la catástrofe. La respuesta vendrá de manos del general Horemheb quien realizó una campaña en Palestina con éxito, por lo que la zona meridional de Asia permanecía en poder de Egipto. La crisis vivida en tiempos de Akhenatón dejará una larga secuela en las tierras egipcias, recuperando el papel preponderante en la política internacional en tiempos de Ramsés II. La principal contribución de Ajenatón a la historia de Egipto reside en su influencia en el arte del país. Aparentemente siguiendo sus directrices directas, sus escultores, pintores, arquitectos y artesanos crearon una aproximación nueva a la proyección de obras que se asocian a su reinado y sus secuelas; el estilo amarniense. Una consecuencia de la nueva aproximación al arte fue la informalidad extrema, en ocasiones grotesca, de las representaciones de la familia real, especialmente en los primeros años. Los retratos de Ajenatón son de los más extraordinarios que hayan sido pintados por una sociedad antigua. Es difícil sustraerse a la opinión de que reflejan un grado importante de neurosis en los círculos que rodeaban al rey. Ver, Napkhuria, Cisma amarniense.
 
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