Vasijas
Los egipcios ponían sumo cuidado en la fabricación de sus vasijas de arcilla, pero, a pesar de las particularidades de su cerámica, no presenta ésta diferencias radicales con respecto a la de los pueblos de cultura semejante. Las únicas piezas de alfarería verdaderamente notables son la loza de lujo con vidriado verde o azul destinada a ungüentos o a líquidos preciosos que se encuentra desde el Imperio Nuevo. En el ajuar de Tutankhamon figuran bellísimos ejemplares de ella. Bastantes vasijas de este tipo que datan de la época saíta se han encontrado en tumbas etruscas, de modo que se las exporta a veces al extranjero. En la Dinastía XVIII se pintaban bellos jarros de color ocre rosado con motivos florales o con figuras de Bes de color azul. En las tumbas se han hallado elegantes ánforas adornadas con pétalos de loto o con formas geométricas coloreadas. Luego se extingue casi el empleo de la cerámica de lujo para dar paso a la vajilla más común. Las vasijas egipcias más originales son las de piedra. Las hay de alabastro y de esquisto, pero también de materias muy duras: granito, diorita y pórfido. Los artesanos sabían utilizar las venas de la piedra, del alabastro sobre todo. El apogeo de su fabricación se sitúa en el Imperio Antiguo, pero remonta ésta a la época predinástica. Figuran todas las formas, desde las más sencillas, cazuelas o fuentes, hasta las más complicadas, como esos jarros de largo pico que imitan ciertos prototipos de metal, los delgados recipientes en forma de hoja o copias originales de madera. Luego las formas degeneran; se encuentran pequeños botes de piedra en el Imperio Medio, y las vasijas de alabastro del Imperio Nuevo, a despecho de su gran virtuosismo de forma y de ejecución, como muchos ejemplares de Tutankhamon, son del peor mal gusto. Las vasijas de metal no eran menos numerosas y perfectas, pero se nos han conservado en mucha menor cantidad. Algunas de sus formas nos vienen reproducidas en las vasijas de piedra. Las había de cobre, de plata y de oro. Se ha encontrado una hermosa serie de copitas de plata repujada en el tesoro de Tod, que data del Imperio Medio. Pero las formas parecen sirias e incluso egeas. Las pinturas de la Dinastía XVIII nos ofrecen grandes vasijas de oro con pie y adornadas de flores de turquesa. El Louvre posee la copa de oro de Djehuty, embajador de Tutmosis III, de una gran sencillez de líneas. Una cántara de plata de los tiempos de Ramsés II posee un asa en forma de cabra de una gran perfección. En la tumba de Rekhmire se ve a unos artesanos fabricando vasijas de plata. Y la tumba de Psusennes, de la Dinastía XXI, nos ha dado una copa de oro grabada con unas nadadoras, y unos recipientes de plata y de bronce. Existían todas las formas en todas las materias, desde los platos, las fuentes, las cántaras y los cuencos, hasta los cubiletes para incienso, las largas vasijas para ungüentos casi cilíndricas, los aguamaniles para las libaciones a los dioses, las sítulas para las libaciones a los muertos y las botellas de año nuevo, aplastadas y con dos asas laterales. El repertorio es tan rico como en Grecia, pero todavía sin clasificar y estudiar como es debido. Ver, Recipientes.

