Aius Locutius
o Aius Loquens. Dios de la palabra. Esta divinidad fue conocida en Roma del modo siguiente: Marco Cedicio, hombre de la plebe, dijo a los tribunos que pasando de noche por la calle oyó una voz más recia que la de un hombre, la cual le ordenaba advirtiese a los magistrados que los galos se acercaban. Como Cedicio era hombre sin opinión y por otra parte Galia era una nación bastante lejana, no hicieron caso de aquel aviso; sin embargo al año siguiente Roma cayó en poder de los galos. Cuando se vieron libres de sus enemigos, Camilo para expiar la negligencia que había ocasionado el desprecio de la voz nocturna, hizo decretar que se erigiese un templo en honor del dios Aius locutius en la calle nueva en el mismo lugar en que Cedicio indicó haberla escuchado. "Este dios, dice satíricamente, cuando no era conocido por nadie... pero después que se hubo hecho célebre y que se le erigió un templo y altares, tomó el partido de callar".

