Amor
(griego, Eros). El más hermoso de los inmortales. Existía en un principio, según Hesíodo, con el Caos y la Tierra. El Amor benéfico, según Aristófanes, revestido de alas doradas, se unió al Caos y de esta unión nacieron los hombres y las mujeres. Antes que el Amor hubiese mezclado todas las cosas, no había dioses. Pero de esta mezcla fueron engendrados el Cielo y la Tierra, del mismo modo que la raza de los dioses inmortales. Acusilao admitía otro Amor nacido de la Noche y del Éter. Según Orfeo había uno que era hijo de Saturno. Platón hace al Amor hijo del dios de las riquezas y le llama Poro; y de la Pobreza. Safo supone que hay dos, uno hijo del Cielo y otro de la Tierra. Los romanos reconocían también dos: el que presidía a los amores mutuos y el que vengaba los amores despreciados. Hubo templos comunes al Amor y a su madre, y otros particulares a él, como el que había en Tespis. Los poetas y artistas antiguos y modernos le representan bajo la figura de un niño con alas, llevando un arco y un carcaj lleno de flechas, algunas veces ciego, o con una venda en los ojos y una antorcha en la mano pero siempre desnudo. Le pintan también con un dedo en la boca para dar a entender que exige discreción. Una de las ficciones de los poetas consiste en que entre sus flechas hay unas cuyas puntas son de oro y otras de plomo; las primeras tienen la virtud de hacerse amar, y las segundas causan un efecto contrario. El Amor no es representado siempre como un niño que juega entre los brazos de su madre, sino que algunas veces aparece también con la frescura de la juventud, y de este modo es figurado el amante de Psiquis. Ver, Eros.

