Estinfalia

Ártemis honrada en Estinfalo, donde tenía un estatua de boj dorada y un templo cuya bóveda estaba adornada de aves estinfálides. A espaldas del templo se veían varias estatuas de mármol blanco, que representaban doncellas con muslos y patas de ave. Los habitantes de Estinfalo experimentaron, según se dice, la cólera de la diosa de un modo terrible. Se descuidaba la fiesta de Ártemis y no se observaban más que las ceremonias prescritas por la costumbre. Cierto día, las aguas del lago crecieron hasta el punto de inundar la campiña en el espacio de más de cuatrocientos estadios. Un cazador que perseguía una cierva se arrojó a nado en esta especie de lago y no dejó de perseguir el animal hasta que cayeron ambos en un mismo sumidero, desaparecieron y se ahogaron. Las aguas se retiraron al instante y en menos de un día la tierra quedó seca. Después de este acontecimiento, se celebró la fiesta de Ártemis en Estinfalo, con más pompa y devoción.
 
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