Pájaros de Estinfalo

Revoloteaban sobre este lago de Arcadia aves monstruosas, cuyas alas, cabeza y pico eran de hierro, y las uñas retorcidas lanzaban dardos de hierro cuando las atacaban. Sus excrementos venenosos arruinaban los cultivos y también eran carnívoras. El dios Ares las había adiestrado para el combate. Eran tan abundantes y tenían un tamaño tan extraordinario que cuando volaban sus alas interceptaban la luz del Sol. Euristeo comandó entonces a Heracles que acabase con la amenaza de dichas aves, como parte de los doce trabajos encomendados, ya que en ocasiones atacaban al ganado o a la población. Heracles se dirigió al Estinfalo, y ahí se encontró desolado pues la misión era especialmente dificil de completar: las aves eran demasiadas para sus flechas y su legendaria fuerza no le servía de nada. Entonces apareció Atenea y le socorrió dándole un cascabel o una campana de bronce y le mandó que lo tocara desde una colina elevada. Al hacerlo las aves asustadas emprendieron vuelo y nunca más se les volvió a ver en el bosque y el lago. Muchas de ellas fueron derribadas por las flechas de Heracles y las que consiguieron escapar huyeron hacia la isla de Ares en el mar Negro donde fueron encontradas años después por los Argonautas. Cuando Heracles fue donde Euristeo, éste se hallaba en su refugio debido a que varios de los pájaros de bronce volaban alrededor de su palacio, al ver esto Heracles sonó su cascabel y los pájaros se alejaron de ahí. Ver, Heracles 1 (Las aves del lago Estinfalo).
 
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