Estrellas

Los antiguos egipcios designaban al dios del universo por una estrella, porque nada demuestra más visiblemente la existencia y el poder de Dios, que los astros. Los mismos designaban al dios Pan, esto es, el todo, por una estrella, y el crepúsculo por la estrella Venus. La brillantez y la carrera de las estrellas han servido para designar metafóricamente a los hombres nobles y célebres. Los antiguos atribuían a las estrellas las mismas funciones que atribuímos nosotros a los ángeles. Así las estrellas y particularmente los cometas servían a los augures para presagiar la felicidad o desgracia de los príncipes y los Estados. Los antiguos egipcios los griegos y los romanos, designaban el destino por una estrella, persuadidos que el de cada particular dependía del aspecto y disposición de los astros en el momento de su nacimiento, y que en una palabra, el cielo era un libro que designaba en caracteres visibles, la suerte de cada uno en particular. Los hititas, observaban cierto día del año la salida de la estrella Sirio: si aparecía oscura creían que anunciaba la peste. Las estrellas servían también de jeroglíficos, para indicar el tiempo arreglado y que sucede con exactitud. Indica también el espíritu de las investigaciones y los descubrimientos. Los romanos indicaban los dioses lares o los genios tutelares de Roma, por dos estrellas puestas sobre la cabeza de Rómulo y de Remo alimentados por una loba; designábase también a Cástor y Pólux por dos estrellas. Las estrellas grabadas sobre los sepulcros anunciaban que las almas, cuyos cuerpos reposaban allí, habían sido admitidas en la morada de los bienaventurados. Se indicaba muy frecuentemente al sol por una estrella de seis puntas. Mahoma dice que las estrellas que hilan son las centinelas del cielo, e impiden a los diablos acercarse a él y conocer los secretos de Dios.
 
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