Antrón Coracio
Al examinar Plutarco la causa del porqué en las puertas de todos los templos de Diana había unos cuernos de ciervo y únicamente en el templo del monte Aventino eran de buey, presumió que sería para conservar la memoria de una antigua historia acaecida bajo el reinado de Servio Tulio. Un hombre llamado Antrón Coracio, del país de los sabinos, tenía la vaca más hermosa de la comarca; y habiéndole vaticinado un adivino que aquel que la sacrificara a Diana en el monte Aventino, aseguraría a su ciudad el imperio de toda Italia, se trasladó a Roma inmediatamente para hacer el sacrificio. Un doméstico del rey Servio dio conocimiento a su amo de esta profecía, quien la comunicó al pontífice. Este, para engañar a Coracio, le dijo que antes de sacrificar era indispensable que se lavase en el Tíber. Coracio creyó de buena fe al pontílice y, mientras el se bañaba, el rey hizo inmolar la vaca, fijó sus cuernos en la puerta del templo y tuvo todos los honores del sacrificio.

