Fidícula
Instrumento de tortura romano, que se empleaba siempre en plural (fidiculae). No consta con certeza la forma que tenía este aparato: algunos lo hacen derivar de findere (hender) y han supuesto que designaba unos garfios con los que se arañaba las carnes del torturado, siendo en este caso sinónimo de ungulae (uñas); sin embargo, esta hipótesis parece inadmisible si se tiene en cuenta que está en desacuerdo con el primer significado, el cual consta claramente en la mayor parte de los textos. Las fidículas se citan, por regla general, entre los instrumentos de tortura, al lado del equuleus (potro), por lo cual hay que creer que era un conjunto de cuerdas que, por su disposición, recordaban más o menos exactamente las de la lira (fides, fidium). El verdugo debía de estirarlas (fidiculas tendere) por medio de ruedas o clavijas, después de atar sus extremos a los miembros del paciente, para descoyuntarle los huesos y articulaciones. Cuando consideraba que era el momento oportuno para poner fin al suplicio, aflojaba las cuerdas (fidiculas laxabat). Ahora queda en pie una cuestión: ¿formaban las fidiculas parte del equuleus o constituían un tormento del todo distinto, pudiendo, en caso necesario, juntarse a él?. Tampoco en este punto andan acordes los autores. Quintiliano emplea en el mismo texto las dos expresiones, equuleus movere y fidiculas tendere (mover los potros y estirar las fidículas), de tal suerte que parece aludir a dos especies de suplicio diferentes. Los argumentos que se pueden aducir en pro o en contra son insuficientes por no disponer de representaciones figuradas. Las fidículas figuraban, ordinariamente, entre los aparatos destinados a torturar a los esclavos.

