Hermocópidas

La palabra hermocópida significa "mutilador de Hermes". Hubo un escándalo religioso que sacudió a Atenas en 415 a.C., en plena guerra del Peloponeso. Poco antes de la leva de la flota ateniense que partía para Sicilia bajo el mando de Alcibíades, al principio del mes de Targelión, se descubrió que todos los hermai de la ciudad habían sido mutilados, salvo uno, el de la tribu Egeida. Los hermai eran representaciones toscas del dios Hermes, a menudo con la forma de un busto sobre un bloque cuadrangular. Su función era santificar y marcar los límites: umbrales, encrucijadas, etc.. Tucídides informa de que los hermai que fueron encontrados "sufrieron en su mayoría una mutilación en el rostro en el curso de una sola noche". La naturaleza de la mutilación permanece sujeta a debate: el nombre empleado designa el rostro, pero los hermai estaban adornados de un falo erecto, en altorrelieve, constituyendo un blanco fácil para el vandalismo. Corinto, metrópolis de Siracusa, fue primero sospechosa y después descartada. El carácter metódico de la profanación elimina la hipótesis de un grupo de jóvenes ebrios. La tesis del complot se impone rápidamente sin que se sepan los motivos, lo que lanza a la ciudad al pánico. Se teme que la democracia sea derribada en favor de una tiranía parecida a la de los Pisistrátidas. Los magistrados ofrecen entonces una fuerte prima (100 minas) para alentar la denuncia. Según Tucídides, se decreta que "quienquiera que [tenga] conocimiento de cualquier otro sacrilegio [debe] denunciarlo, sin temer por su persona, ya [sea] ciudadano, extranjero o esclavo". Es en esta ocasión cuando un esclavo denuncia una parodia de los misterios de Eleusis, en la cual habría participado Alcibíades. A éste, que no había estado nunca mezclado en el escándalo de los hermocópidas, sus enemigos lo ligan hábilmente a los dos casos, y las denuncias llueven. Un meteco llamado Teucro denuncia en total a 18 personas como hermocópidas, y 11 personas para la parodia de los Misterios. Un tal Dioclides informa que ha visto una aglomeración de unas 300 personas, repartidas en pequeños grupos, y de haber reconocido a 42, entre ellos algunos de los ciudadadanos más importantes de Atenas. Se decreta el estado de alerta, los individuos preocupados huyen mientras que el pueblo toma las armas y arresta a los que no han podido fugarse. Finalmente, la acusación de Dioclides es desmontada. Plutarco lo informa así en su Vida de Alcibíades. Un nuevo golpe de efecto tuvo lugar entonces: entre los individuos arrestados figuran Leógoras y su hijo Andócides, el futuro orador. Para salvar su cabeza, denuncia a su hetería (grupo institucionalizado de amigos), acusación que coincide con la de Teucro. El caso de los hermocópidas concluye así: de los culpables, todos han podido huir; Andócides, a pesar de la promesa de impunidad, es exiliado conforme a la ley de impiedad. Tucídides, sin embargo, guarda dudas sobre este hecho. Hasta ahora, ninguna solución definitiva ha sido aportada al caso. La mayoría de los historiadores lo ven como una parte de la población ateniense, opuesta a la expedición a Sicilia. Para algunos, los responsables podrían haber sido las mujeres atenienses. Según esta controvertida hipótesis, ellas habrían aprovechado la libertad relativa conferida por la celebración de las Adonías y se habrían inspirado en los rituales dionisíacos ligados a la castración, para protestar contra el machismo imperante en Atenas. Ver, Herma.
 
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