Mirto

Arbusto consagrado a Venus, porque un día le había hecho un gran servicio. "Hallándose esta diosa en la playa del mar, dice Ovidio, ocupada en secar sus hermosos cabellos, vio a lo lejos una multitud de sátiros, y encontró un abrigo debajo unos mirtos copados que la ocultaron de su petulancia. En memoria de este suceso, llenó este arbusto de olor y quiso que las mujeres en el baño se coronasen de mirto". Estas coronas de mirto se daban también a los lares, según Horacio, a lo menos en las cosechas poco afortunadas. En Atenas, los suplicantes y los magistrados llevaban coronas de mirto, como también los vencedores en los juegos ístmicos. El mirto está consagrado así mismo a las ninfas del mar.
 
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