Atletas
Los pueblos tenían suma propensión a tributar a los atletas honores divinos, a pesar de todos los esfuerzos de los helanódicos para quitar este abuso. El primer ejemplo fue el de Felipe de Crotona, vencedor en los juegos olímpicos y el hombre más hermoso de su tiempo, a quien los egestanos le dedicaron después de su muerte un monumento soberbio, donde sacrificaban en su honor como a un héroe. Heródoto. El 2º es el de Eutimo de Locrea, célebre atleta en el pugilato, a quien aun antes de su muerte se le tributaron ya los honores divinos por órden del oráculo. El tercero fue Teágenes, adorado después de su muerte por los tasianos sus compatriotas, y por diversos pueblos griegos y bárbaros. Ver, Xysticus.

