Augurales

Libros. Los objetos sobre los cuales los augures ejercitaban su ciencia. Se reducían a doce puntos o capítulos, según el nombre de los doce signos del Zodíaco: 1º) la entrada de los animales en una casa ora fuesen domésticos ora salvajes; 2º) los animales que se presentaban de improviso en el camino a un viajero; 3º) el rayo, el incendio de una casa o de cualquier otra cosa; 4º) un ratón que roía los muebles, un lobo que arrebataba una oveja, una zorra que comía una gallina, y otros acaecimientos de esta naturaleza; 5º) un rumor oído dentro de alguna casa originado por algún espíritu o fantasma; 6º) un ave que cayese sobre el camino y se dejara coger, un buho que cantase, una corneja que gritara, todo esto servía para el augurio; 7º) un gato, que contra su costumbre, entrase en el cuarto por un agujero, era tenido por un genio maligno, así como cualquiera otro animal que entrara del mismo modo; 8º) una candela o una antorcha que se apagase de repente se atribuía la causa a un demonio; 9º) cuando el fuego peterreaba, creían los antiguos oir hablar a Vulcano; 10º) cuando el fuego relumbraba extraordinariamente; 11º) cuando el fuego saltaba de alguna manera singular, se imaginaban los antiguos que los Lares lo agitaban; 12º) finalmente, una tristeza repentina y todo suceso incómodo que sobreviniera inesperadamente. Cicerón. Tito Livio. Dionisio de Halicarnaso.
 
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