Augurio de salud

Era, según Dion Casio, una especie de adivinación, por medio de la cual pretendían los romanos asegurarse si la divinidad tenía a bien que le pidieran la salud y la felicidad de la nación, pues no creían que fuese permitido el pedirlo sin una expresa autorización del cielo. El primer magistrado de Roma era quien debía consultar los auspicios sobre este punto, siendo necesario que el día dedicado a este acto religioso fuese un día de paz general que no hubiese ningún cuerpo de tropas preparado para la guerra, ni ejércitos enemigos en campaña, ni preparativos o indicios de algún combate próximo. Esta ceremonia, que debía celebrarse todos los años, fue practicada por última vez bajo el consulado de Cicerón, después de la guerra de Mitrídates, concluida por Pompeyo. Desde entonces, tanto por las guerras exteriores como por las civiles, no hubo un solo día en que se pudiera tomar el "augurio de salud", según los requisitos de la ley; hasta que, bajo el consulado de Octavio, el Senado emitió un decreto por el cual restableció el uso de esta ceremonia.
 
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