Elio

Pretor romano que, estando sentado un día para administrar justicia, vino a pararse un pico verde sobre su cabeza. Consultado al arúspice, respondió que mientras lo conservara, su casa sería feliz y la República desgraciada, pero que si se mataba no podía dejar de suceder lo contrario. Elio, prefiriendo la felicidad de su patria a la suya, lo mató al momento en presencia del Senado. Algún tiempo después perdió, en la batalla de Cannas, diecisiete guerreros de su casa dotados de valor y talento y la prosperidad de la República fue desde entonces en aumento.
 
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