Fatalidades de Troya

Era opinión extendida entre los griegos y los troyanos, que la ruina de aquella ciudad estaba ligada a ciertas fatalidades que debían verificarse. La primera era que la ciudad no podía ser tomada sin los descendientes de Éaco. Se fundaban en que Neptuno y Apolo, empleados en edificar los muros de Troya, habían rogado a este príncipe que les ayudase, a fin de que mezclándose la obra de un mortal con la de los dioses, la ciudad, que sin esta circunstancia no hubiera podido ser tomada, estuviese sujeta a ello si lo quisiera el Destino. Esto hizo que los griegos empleasen todos sus esfuerzos en arrancar a Aquiles, nieto de Éaco, de entre los brazos de Deidamia, donde su madre le había ocultado, y que después de su muerte se enviase a buscar a su hijo Pirro, aunque era aún muy joven. Era necesario, en segundo lugar, tener las flechas de Hércules, que estaban en poder de Filoctetes, al que los griegos habían abandonado en la isla de Lemnos. La necesidad que se creía tener de estas flechas, obligó a los griegos a encargar a Ulises, ir a buscar a Filoctetes, y éste astuto capitán terminó felizmente su empresa. La tercera y más importante era robar el Paladium (Paladio) que los troyanos guardaban cuidadosamente en el templo de Minerva. Diómedes y Ulises encontraron el medio de entrar de noche en la ciudadela y llevarse esta preciosa prenda de la seguridad de los troyanos. Era necesario, en cuarto lugar, impedir que los caballos de Reso, rey de Tracia, bebiesen de las aguas del Xanto, ni comiesen hierba de los campos de Troya; pero Ulises y Diómedes vinieron a sorprender a éste príncipe en su campo, cerca de la ciudad, le mataron y se llevaron sus caballos. Era menester, en quinto lugar, antes de tomar la ciudad, hacer morir a Troilo, hijo de Príamo, y destruir el sepulcro de Laomedonte, que se hallaba sobre la puerta Scea. Aquiles mató a aquel joven príncipe y los mismos troyanos destruyeron el sepulcro de Laomedonte cuando, para hacer entrar en la ciudad el caballo de madera, abrieron una brecha en los muros. En fin, Troya no podía ser tomada hasta que los griegos tuviesen en su ejército a Télefo, hijo de Hércules y Auge. Pero éste Télefo era aliado de los troyanos y se había casado con Astiogue, hija de Príamo. Sin embargo, después de un combate, en el cual había sido herido, abandonó a los troyanos y se pasó a las filas de los griegos.
 
Volver