Aqua Antoniniana
Desde la primera mitad del siglo I, el cuidado de las traídas de agua existentes fue sin duda la tarea principal de los curatores, pero ocasionalmente el poder central mandaría todavía construir algunos acueductos de interés secundario. Trescientos sesenta años después de su inauguración, el viejo tronco siempre verde de la Marcia produjo, por ejemplo, un vástago que, hacia el año 207, M. Aurelio Antonino, apodado Caracalla, injertó en el depósito de la antigua traída para abastecer sus grandes termas; sus restos se ven todavía a lo largo del viale Guido Bacelli. En los confines de la ciudad, el aqua Antoniniana cruzaba la Vía Apia por el arco llamado de Druso, que Aurelio incorporaría más tarde a su muralla y que aún se descubre con deleite en el umbroso y verdeante frescor de la puerta de San Sebastián. Para utilizar esa derivación sin disminuir el rendimiento de la Marcia, Caracalla mandó también aumentar el caudal del acueducto, añadiéndole el agua del fons Antoninianus, que nacía cerca de Arsoli.

