Aqua Alessandrina

Alejandro Severo elevó el undécimo y último acueducto de Roma, el aqua Alessandrina, que se inauguró en 226, o sea 117 años después del aqua Traiana. El nuevo acueducto no desmerecía de sus grandes predecesores. Incluso se beneficiaba de los últimos progresos de la técnica, y el uso del ladrillo le daba una ligereza de la que carecían los demás; recorría así lo esencial de su trayecto sobre hermosos arcos que podían alcanzar hasta 25 m de altura, como en Case Calde y en Centocelle, donde eran respectivamente 120 y 140. Sin embargo, nacido en las pendientes de los montes Albanos, sólo tenía una longitud de veintidós km y no aportaba cada día más que 22.000 m3 de agua, ampliamente suficientes para el cometido único al que estaba destinado: abastecer los baños. En efecto, después de penetrar en la ciudad por la puerta Mayor y bajar todo derecho hasta el Campo de Marte, desembocaba exclusivamente en aquellas termas llamadas "Alejandrinas" que el emperador había mandado construir encima de las de Nerón. El último acueducto de Roma era bello, no cabe duda, pero superfluo.
 
Volver