Cócalo

Cócalo es el rey de la ciudad de Camico, en Sicilia (la actual Agrigento). Dédalo se refugió en su casa cuando, por los aires, escapó de Creta, donde Minos lo retenía prisionero. Cuando Minos se presentó en su busca, Cócalo lo ocultó, Pero Minos se valió de la astucia: por todas partes donde pasaba el monarca cretense, mostraba una concha de caracol y un hilo, prometiendo una recompensa a quien supiese pasar el hilo por las espirales de la concha. Nadie daba con la solución del problema, y Cócalo, tentado, planteó la dificultad a Dédalo, el cual ató el hilo a una hormiga y metió el animal en aquel nuevo laberinto. Cuando Cócalo, triunfante, llevó a Minos la concha enhebrada, éste comprendió que Dédalo, el hombre ingenioso por excelencia, se hallaba por aquellas cercanías, y poco le costó conseguir que Cócalo se lo confesase. Este tuvo que comprometerse entonces a entregarle a Dédalo. Pero el otro, deseoso de salvar a su huésped a todo trance, encargó a sus hijas que escaldasen a Minos en el baño, o bien sustituyó el agua de la bañera por pez hirviente, tal vez a instigación de Dédalo, que había instalado un sistema de tuberías. Higinio cuenta que Minos murió en el baño a manos de las hijas de Cócalo, enamoradas de las muñecas que Dédalo les hacía para divertirlas. Así murió Minos. El rey de Sicilia, después de haber excusado esta muerte lo mejor posible, entregó el cuerpo de Minos a sus soldados, quienes le enterraron secretamente; y para ocultar mejor el lugar de su sepultura, construyeron un templo dedicado a Afrodita en el mismo paraje, templo que más adelante adquirió mucha celebridad. Diodoro, al referir esta última circunstancia, añade que pasados algunos ss., al levantarse los muros de Agrigento en aquel mismo lugar, fue descubierto el sepulcro, y que después de haber recogido los restos de Minos, se enviaron a la isla de Creta.
 
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