Imperio neobabilónico

o Imperio Caldeo. Comprende esta época la Dinastía X de Babilonia, que se extiende del 625 al 539 a.C.. Durante más de un milenio Babilonia había sido el núcleo de un reino mesopotámico con escasa vocación imperialista. El país de Elam, por el sureste, el llamado "País del Mar", por el sur, y sobre todo Asiria, por el norte, impidieron durante ss. la ampliación del dominio territorial babilónico. No obstante, durante el II milenio Babilonia conoció cinco dinastías diferentes, de las que se conocen no menos de 70 reyes o nombres de reyes entre el comienzo de la Dinastía I babilónica (ca.1.894) y el final de la V (ca.1.004). A comienzos del I milenio Babilonia tuvo que hacer frente al nuevo expansionismo asirio, pero la peculiar política "imperialista" de Assur no implicaba, salvo excepción, la pérdida de las instituciones propias de los pueblos dominados, por lo que Babilonia pudo mantenerse como reino o "estado vasallo". Pero la mayor amenaza a la integridad territorial de Babilonia provenía del sur, de las tribus de los arameos y caldeos establecidos en las inmediaciones del Golfo Pérsico. Esta peculiar situación de inestabilidad política se agudizó eventualmente con las disputas internas entre los miembros de la familia real por el control del trono. Generalmente el conflicto se resolvió con el apoyo del rey asirio a una u otra causa, pero en ocasiones también la presencia asiria propició una situación de anarquía, en la que el trono babilonio quedaba vacío durante aJgunos años, como bajo el reinado de Shamshi-Adad V, que se reclamaba asimismo "rey de Sumer y Akkad". El desconcierto y el desorden favorecieron la acción de algunos usurpadores de origen arameo o caldeo, que lograron encumbrarse en el poder; tal fue el caso de Marduk-aplausur (ca.770) y de Nabû-shuma-shkun (ca.750), quienes cierran la VIII Dinastía (llamada "E") de Babilonia. El siglo siguiente Babilonia soportó el yugo de la dominación asiria, pero el "sacerdocio" babilonio de Marduk, como la aristocracia comercial de Assur, mantuvo una posición privilegiada hasta el punto de que los más importantes reyes asirios (Tiglath-Pileser III, Salmanasar V, Sargón II, Senaquerib, Assarhaddon, Assurbanipal) se autotitularon también "reyes de Babilonia". Sin embargo, la configuración de un nuevo imperio, el denominado generalmente "neobabilónico", fue obra de reyes de origen caldeo. Con ayuda de los elamitas, este pueblo constituyó un reino independiente al sur de la región y en dos o tres generaciones consiguió avanzar hacia el norte alcanzando Nínive en 612 bajo el reinado de Nabopolasar. La ciudad sería destruida y sobre las ruinas de la capital del reino asirio-babilónico se levantaría la del nuevo estado babilónico-caldeo. Este avance inquietó a la otrora poderosa Asiria, que buscó el apoyo de Egipto para preservar su tradicional control sobre los enclaves del corredor sirio-palestino. Pero la coalición egipcio-asiria fue derrotada por un ejército de Nabucodonosor II (604-562) que, inesperadamente, consiguió importantes victorias: tomó la inexpugnable ciudad fenicia de Tiro, llevó cautivo a Babilonia al rey de Judá, destruyó el simbólico templo de Jerusalén. Con ellas este rey, segundo de la décima y última dinastía babilónica, construyó un "imperio", cuya capital fue la milenaria ciudad de Babilonia, embellecida ahora con una suntuosidad que se hizo proverbial en todo el mundo antiguo; construcciones monumentales como la fastuosa Puerta de Isthar, sus gruesas murallas y numerosos templos en honor de Marduk, el "gran señor" como dios-patrono de la ciudad, dan idea de las riquezas acumuladas por este reino en tan sólo unas décadas. Pero los éxitos militares de Nabucodonosor sirvieron tanto para legitimar su autoridad a los ojos del pueblo como para fortalecer el poder del "sacerdocio" babilónico en el nuevo estado que, siguiendo la tradición milenaria, volvió a ser dominado por la figura del "templo", institución a la que pertenecían grandes posesiones de tierras explotadas en régimen de arrendamiento por la población libre a cambio de un "diezmo" anual, impuesto que obligaba incluso a funcionarios y sacerdotes. El "templo" fue también la organización a través de la cual se canalizaron la mayor parte de las operaciones financieras exigidas por el desarrollo de las actividades comerciales. Con el control sobre los enclaves del Mediterráneo oriental Babilonia se convirtió en primer centro comercial del mundo próximo-oriental, del que dependía en gran medida el abastecimiento ordinario de fenicios y egipcios y asirios, de un lado, y de arameos y persas, de otro. Esta posición estratégica de Babilonia, como intermediario en los principales ejes de comunicación del mundo asiático, favoreció no sólo a los sacerdotes o "servidores del templo", sino también la emergencia de una nueva aristocracia, que basaba su riqueza en actividades lucrativas. Pero a la muerte de Nabucodonosor, las disputas internas resurgieron y las revueltas palaciegas acabaron con la vida de sus inmediatos sucesores. Por fin en 555 a.C. Nabónides logró instalarse en el trono venciendo la resistencia de sus rivales y de algunas ciudades sirias, cuando los días del "nuevo imperio" estaban contados. En 550 Ciro II, rey de Persia, tras vencer al medo Astiages, inició su expansión hacia Occidente. En tan sólo una década la sólida organización militar babilonia cedió ante la presión del nuevo soberano en tierras mesopotámicas. La toma de la mítica Babilonia por Ciro señala, pues, no sólo el final de una época, sino que más bien cierra un proceso milenario, en el que los reinos mesopotámicos habían intentado mantenerse independientes, pasar por "vasallos" o construir un "imperio" a expensas de territorios vecinos. Unas y otras tentativas se vieron frenadas definitivamente ante el avance irresistible del poderoso imperio persa, de hecho el primer imperio oriental con vocación universalista. Ver, Cronología del Antiguo Oriente Próximo, Cronología media del Antiguo Oriente Próximo, Cronología corta del Antiguo Oriente Próximo.
 
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