Mens
"el pensamiento". Los antiguos lo habían divinizado, y lo adoraban como el alma general del mundo y de cada ser en particular. Le invocaban para que les sugeriese tan sólo buenos pensamientos y desviase aquellos que sólo sirven para extraviamos. El pretor T. Octacilio le consagró un templo que hizo erigir en el Capitolio, cuando fue decenviro. Plutarco habla del otro templo edificado en el Cuartel octavo de Roma, y dedicado después de la batalla de Trasimeno.

