Caleno
u Oleno. El más famoso adivino de su tiempo entre los etruscos. Hubiera engañado a los embajadores de Roma en un negocio de la más alta importancia, si su hijo no les hubiese enseñado las precauciones necesarias para que no fuesen inducidos en error. Tarquino el Soberbio quiso que le consultasen sobre cierto prodigio; se encontró la cabeza de un hombre con ocasión de que se hacían las excavaciones para echar los cimientos de un templo que quería edificar en honor de Júpiter en el monte Tarpeyo. Creyó no deber pasar adelante hasta descubrir el sentido de este presagio. A este efecto mandó comparecer a todos los adivinos de su reino, pero éstos le contestaron que su ciencia no era suficiente para explicarlo y que era preciso dirigirse a los adivinos de Etruria. Habiendo nombrado a Caleno como el más célebre, le envió diputados. Cuando este adivino hubo previsto que este prodigio indicaba una gran dicha, procuró que esto recayese en favor de Etruria su patria engañando a los romanos; y hubiera conseguido su objeto si los diputados prevenidos por sus melosas palabras, no hubiesen eludido las respuestas a sus interrogatorios.

