Calcante

o Calcas. Calcante es un adivino de Micenas, o tal vez de Mégara, el más hábil de su tiempo en la interpretación del vuelo de las aves y el que mejor conocía el pasado, presente y futuro. Apolo le había concedido el don de la profecía. Era hijo de Téstor, por el cual descendía del dios. Fue el augur titular de la expedición griega contra Troya. En todos los momentos importantes de la guerra y de su preparación se encuentra una profecía de Calcante. Cuando Aquiles cumplió 9 años, fue él quien anunció que Troya no podría tomarse si el niño no participaba en la lucha, lo cual indujo a Tetis a disimular a su hijo entre las hijas del rey de Esciro (Ver, Aquiles). En Áulide interpretó el presagio suministrado por la serpiente que devoró los pájaros, en el altar del sacrificio, declarando que la ciudad sería tomada al décimo año de la guerra (Ver, Agamenón). Después del desgraciado desembarco en Misia, cuando Télefo hubo consentido en guiar la flota hacia Tróade, Calcante confirmó con sus predicciones las indicaciones de Télefo (Ver, Aquiles). Él es quien, en Áulide y en el momento de la segunda partida, revela que la bonanza que retiene a la flota se debe a la cólera de Ártemis, y que sólo el sacrificio de Ifigenia puede aplacarla (Ver, Ifigenia). Más tarde, después de la muerte de Aquiles y el suicidio de Áyax, hijo de Telamón, anuncia a los griegos que la ciudad no puede ser tomada a menos de procurarse el arco de Heracles, con lo cual se sitúa en el origen de la misión de Ulises cerca de Filoctetes (Ver, Ulises, Filoctetes). A la muerte de Paris, aconseja a los griegos que capturen a Héleno, que se ha retirado a los bosques del Ida, ya que es el único que podrá revelarles las condiciones necesarias para apoderarse de la ciudad (Ver, Héleno). Finalmente, es él quien, al ver que nada se logra por la fuerza, sugiere la construcción de un caballo de madera, gracias al cual los griegos podrán introducirse en la ciudad; él mismo figura entre los guerreros encerrados en el corcel. En el momento de la partida, predice a los griegos que el regreso no será fácil a causa de la cólera de Atenea, descontenta por la injusticia que se ha cometido con su protegido Áyax, hijo de Telamón (Ver, Áyax). Por eso no quiso partir con ellos, pues sabía que el convoy no llegaría a buen puerto, y se embarcó con otro adivino, Anfíloco, hijo de Anfiarao (Ver), llevándose a los héroes Leonteo, Podalirio y Polipetes. Su nave fue arrojada a la costa de Asia Menor, en Colofón (según otros, se trasladaron allí a pie). Ahora bien, un oráculo (tal vez una profecía de Héleno) había anunciado a Calcante que moriría el día en que encontrase a un adivino más hábil que él, y en Colofón encontró al adivino Mopso. Cerca de la casa de éste crecía una higuera, y Calcante preguntó: "¿Cuántos higos tiene?". A lo que Mopso respondió: "Diez mil y un celemín, y un higo de más". Efectuada la comprobación, resultó que Mopso había acertado. También había una cochina preñada, y Mopso preguntó a Calcante: "¿Cuántas crías lleva y dentro de cuánto tiempo parirá?". Calcante respondió que llevaba ocho crías. Mopso le hizo observar que se equivocaba, y añadió que el animal no llevaba ocho lechones, sino nueve, todos machos, y que pariría a la hora sexta del día siguiente. Y, en efecto, así fue. Calcante murió de pesar. Otros dicen que se suicidó, y fue enterrado en Nocio, cerca de Colofón. Otra versión dé esta rivalidad entre los dos adivinos es mencionada por Conón: el rey de Licia preparaba una campaña, y Mopso lo disuadió de su proyecto, diciéndole que sería vencido. En cambio, Calcante le aseguró el triunfo. El rey salió a la guerra y fue derrotado. Ello aumentó la reputación de Mopso, pero fue causa de que Calcante, desesperado, se suicidase. También se contaba otra historia acerca de su muerte. Calcante había plantado una viña en un bosque sagrado de Apolo, cerca de Mirina (Eólide). Un profeta de los alrededores le predijo que nunca bebería vino de su viña, y Calcante se burló de él. La villa creció, dio fruto, luego vino, y el día en que iba a ser bebido el vino nuevo, Calcante invitó a los habitantes de las cercanías, así como al adivino que le había hecho la anterior predicción. En el momento en que, ya la copa llena, Calcante se disponía a beber su contenido, su rival le repitió que no lo probaría. Calcante tuvo tal acceso de risa, que se ahogó sin haber podido llevar la copa a los labios (Ver, Antínoo). Las leyendas de Italia meridional se referían a un Calcante, también adivino, cuya tumba se mostraba en Siris, en el golfo de Tarento. Había asimismo un Calcante a cuyo santuario iba la gente a dormir con objeto de conocer su porvenir por medio de los sueños. Este santuario estaba en la región del monte Gargano, en el Adriático. Según parece, el Calcante de Siris fue muerto por Heracles de un puñetazo. Estas distintas leyendas se relacionan difícilmente entre sí (Ver también Calco).
 
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