Piratería

La piratería era endémica en todo el Mediterráneo y una amenaza constante tanto para los viajes como para el comercio entre los Estados civilizados. Entre los menos civilizados las distinciones entre guerra, piratería y comercio algunas veces resultaban confusas. En el siglo V a.C. Atenas era la promotora de la libertad de los mares, pero cuando la entendió como un favor que concedía a sus aliados se desenmascaró como una talasocracia ateniense. El resultado fue que el Egeo estuvo relativamente libre de piratería en el período clásico, pero la caída de Atenas abrió paso al resurgimiento de la piratería. En Occidente hubo pocos intentos de mantener abiertos los mares. Roma, durante los comienzos de la República, se interesó poco por los asuntos navales e incluso las costas de Italia estaban escasamente salvaguardadas. Tras las Guerras Púnicas se permitió la decadencia de las flotas, el poder naval de Rodas se rompió y los piratas tuvieron el campo libre. Hacia los inicios del siglo I a.C., cuando se llegó a producir una amenaza para el abastecimiento de trigo a Roma, el Senado se dio cuenta de que se tenía que actuar. Las principales bases de los piratas estaban en Creta y Cilicia, pero la carencia de una flota disponible supuso que los primeros intentos de Roma para acabar con ellos se superaron con facilidad. En el año 67 a.C. Pompeyo dirigió una victoriosa campaña para limpiar los mares, pero las Guerras Civiles proporcionaron la ocasión para una nueva ruptura. La creación de flotas permanentes por obra de Augusto, aseguró finalmente la libertad de navegación, pero sólo hasta el siglo III. Ver, Marina griega, Marina romana.
 
Volver