Ífito

En el límite entre los tiempos mitológicos y los históricos se sitúa otro Ífito, rey de Élide, contemporáneo del legislador de Esparta, Licurgo, que reorganizó los Juegos Olímpicos, caídos en desuso desde su fundación por Heracles y la muerte del rey Óxilo (Ver). Ífito, que había ido a pedir al oráculo de Delfos un remedio contra las plagas de diverso orden, epidemias y divisiones políticas, que asolaban Grecia, recibió el consejo de restaurar los Juegos de Olimpia. Al propio tiempo, persuadió a los habitantes de Élide de que tributasen culto a Heracles, a quien habían considerado siempre como su enemigo. Ífito llegó a un entendimiento con Licurgo de Esparta, y realizó un principio de unión panhelénica con ocasión de las panegirias de Olimpia, lo que significaba un remedio inicial contra el desmembramiento político de que siempre sufrió Grecia.
 
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