Nubes
Los caledonios creían que todos aquellos que se habían distinguido por su valor o sus virtudes habitaban después de su muerte un palacio aéreo o de nubes, donde conservaban todos sus gustos y se entregaban a los mismos placeres que habían disfrutado durante su vida, y como la caza era uno de los principales, armados de un arco de nieve y de una lanza de vapores perseguían, en las vastas llanuras del firmamento, los corzos de meteoros y los jabalíes de nieblas. Los habitantes de los palacios aéreos exentos de toda pasión se aparecían algunas veces a sus hijos y amigos. Disponían a su arbitrio de los elementos, desencadenaban las tempestades y turbaban los mares, pero ningún poder tenían sobre los hombres. Estaban divididos en buenos y malos espíritus. Los primeros se mostraban en los rayos del día puro, en los bordes de los riachuelos o en los risueños valles; los segundos, al contrario, no aparecían más que rodeados de rayos entre el ruido del trueno y en las noches borrascosas.

