Prehistoria-Protohistoria-Historia
La historia temprana de los pueblos y culturas de la Humanidad es en gran medida producto de su propia "protohistoria", período que suele denominar el momento espacio-temporal que establece el nexo entre la "prehistoria" y la "historia". Pero los límites cronológicos entre estos tres períodos son casi siempre difusos y, sobre todo, diferentes en cada región, cultura o civilización. Para salvar esta acusada diversidad los historiadores suelen hacer coincidir el comienzo de la protohistoria con el Neolítico, mientras que el comienzo de la historia se retrasa generalmente hasta la aparición de la civilización urbana, considerando ésta como una fase avanzada de la evolución de las primitivas comunidades agrícolas. Otro criterio menos arbitrario, en principio, ha sido la existencia o no de "escritura", que distinguiría las fases propiamente históricas de las precedentes, aquellas cuyo testimonio se reduce a restos de cultura material no escrita, que se correspondería con sociedades y economías menos evolucionadas. Según este criterio se distinguirían básicamente dos tipos de sociedades: las "ágrafas", que no conocieron el "uso" de la escritura, y las "literarias", que dejaron ya documentos escritos, símbolo de una determinada "civilización". No obstante, entre unas y otras se situarían precisamente las protohistóricas, sociedades ágrafas pero con un cierto grado de civilización, deducible a través de testimonios escritos de otras civilizaciones referidos a aquéllas. Con el fin de establecer diferencias claras entre ambas los historiadores suelen asignar el concepto de "civilización" al conjunto de elementos que permiten reconstruir los modos de vida característicos de una sociedad histórica determinada, mientras que se reserva el de "culturas" para identificar a un grupo humano en un espacio y tiempo no bien definidos, lo que explica en parte que a menudo su estudio se ligue a interpretaciones contradictorias como "aislamiento" y "paralelismo" entre unas regiones y otras. En efecto, el análisis de las culturas protohistóricas es clave para determinar en qué momento de la evolución se encuentra la organización social de una determinada comunidad o, lo que es lo mismo, si se ha traspasado el límite "natural" de relación con el medio y en qué medida los indicadores sociales (familia, grupos, aldea) y económicos (uso de metal, tipo de producción cerámica) denotan la existencia de una comunidad con un cierto grado de organización política. Por elemental que pueda parecer, el momento protohistórico se sitúa en la trayectoria de un proceso económico que va desde el estadio de "producción de alimentos", destinados exclusivamente a la subsistencia de la comunidad, hasta la "producción de objetos en serie", destinados a satisfacer la demanda de un incipiente "mercado", restringido a las necesidades de los grupos más acomodados de la comunidad. Ahora bien, el elemento diferencial de este largo proceso se sitúa precisamente a su término, de tal modo que este estadio de desarrollo separa con claridad las culturas prehistóricas y protohistóricas de la civilización histórica, propiamente dicha. En ésta el ánalisis del "factor económico" explica mejor que cualquier otro (relación con el "medio", características del grupo humano) la progresiva complejidad del entramado social, mejor incluso que la hipótesis de sucesivas "migraciones" o "invasiones", cuya incidencia en la evolución de las comunidades primitivas no siempre es clara. Por ello, en las últimas décadas ha ganado terreno el concepto de "aculturación", con el que se pretende sustituir el lento proceso de adaptación al medio, por parte de un nuevo grupo humano, por otro no menos lento de adaptación cultural, que puede durar incluso siglos.

