Mineidas
Hijas de Minia, tebano. Eran tres, según Ovidio. Iris, Clímene y Alcítoe (o Alcátoe). Rehusaron asistir a la representación de las orgías, sosteniendo que Baco no era hijo de Júpiter, y, mientras todo el mundo fue a la fiestas, ellas continuaron trabajando. De repente un ruido confuso de tambores, flautas y trompetas, llenó la casa. Pareció iluminada de antorchas y de lucientes fuegos, y además resonaba con horrendos alaridos. Espantadas, las Mineidas quisieron ocultarse, pero les alcanzó la venganza de los dioses, pues fueron transformadas en murciélagos. Plutarco, que llama a las dos primeras Leucipe y Leucotoe, en sus Cuestiones griegas, pretende que el castigo de su impiedad fue un violento deseo de comer came humana. Recurrieron a la suerte, para saber cual de ellas daría su hijo a las otras. Cayó la suerte en Leucipa, la cual entregó a su hijo Hispaso, que fue devorado al momento por las tres hermanas. En memoria de este crímen de las Mineidas, después del sacrificio, el gran sacerdote de Orcómenes perseguía con el puñal en la mano a las mujeres que iban al templo y mataba la primera que encontraba.

