Horeos
Gracias entre otros a las tablillas de Nuzi, la arqueología moderna ha resucitado a los enigmáticos horeos. En los libros del Pentateuco se encuentran referencias a los mismos. Este pueblo fue derrotado por Quedorlaomer y el ejército invasor mesopotámico. Eran gobernados por jefes. Se dice que fueron destruidos por los descendientes de Esaú. Se solía pensar que este desconocido pueblo era muy local, un grupo restringido de moradores de cuevas. Se creía que la palabra "horeos" provenía de la palabra hebrea que significa "hoyo" o "cueva". Aparte de esta deducción etimológica, los horeos permanecieron en la absoluta oscuridad, al no aparecer fuera del Pentateuco o en otros documentos extrabíblicos. En los últimos cincuenta años, no obstante, la arqueología realizó un milagro al resucitar a los antiguos hurritas, los horeos bíblicos. Se sabe de ellos que no estaban restringidos a un grupo local, sino que eran un pueblo prominente que tuvo un lugar relevante en el escenario de la antigüedad. Ahora se conoce que sí existieron y que tuvieron un papel fundamental en la historia cultural del antiguo Medio Oriente. Como resultado de este descubrimiento, se debió abandonar la etimología popular que los relacionaba con las cuevas. Los hurritas u horeos, eran un pueblo no semita que antes del comienzo del II milenio a.C. emigró hacia el noreste de Mesopotamia. Su tierra natal estaba en la región sur del Cáucaso. Aparecieron por primera vez en el horizonte de la historia alrededor del 2.400 a.C., en las montañas Zagros, al este del río Tigris. En el período del 2.000 al 1.400 a.C., aproximadamente, los hurritas se expandieron hacia la parte de Mesopotamia. Ver, Hurritas.

