Isis
Fiesta de la Nave de. Fiesta anual que se celebraba de la nave de Isis, como un homenaje tributado a esta diosa considerada reina de los mares, para el feliz desenlace de la navegación. Empezaba a la entrada de la primavera por ser la estación más adecuada. He aquí algunas noticias, tales como Isis las reveló a Apuleyo, cuando Apuleyo se le apareció en todo su esplendor, según el dice: "Mis sacerdotes, le dijo la diosa, deben ofrecerme mañana las primicias de la navegación, dedicándome una nave nueva. Este es, anadió, el tiempo más favorable, pues no hay que temer las tempestades que reinan durante el invierno, y las olas pacíficas, permiten navegar sin sobresalto". Apuleyo describe en seguida la grandeza de esta solemnidad, y la pompa con que se dirigían todos a las orillas del mar, para consagrar a la diosa una nave primorosamente construida, y en la cual se veían por todas partes caracteres egipcios. Se purificaba este barco con una antorcha de huevos y azufre, y sobre la vela, que era blanca, se leían en grandes caracteres, los votos que se renovaban todos los años para volver a empezar una navegación feliz. Los sacerdotes y el pueblo se apresuraban luego a llevar a esta nave canastos llenos de perfumes, y todo lo perteneciente a los sacrificios, y después de haber arrojado al mar una composición hecha con leche y otras materias, se levaba el ancla para abandonar en apariencia la nave a merced de los vientos. Esta fiesta pasó a los romanos, que la solemnizaron en tiempo de los emperadores con gran magnificencia. Se sabe que había en los fastos un día señalado para su celebración. La nave de Isis, que en Roma se festejaba pomposamente, se llamaba Navigium lisidis. Después de haberlo botado al agua volvían hacer votos para la prosperidad del emperador, el imperio y el pueblo romano, como también para la conservación de los navegantes durante todo el año, pasando el resto del día en procesiones y diversiones. Los griegos que deseaban tanto la vuelta de la primavera, que les abría la navegación, no podían dejar de poner en el número de sus fiestas, la de la Nave de Isis. Los corintios eran tan celosos adoradores de esta diosa, que, según refiere Pausanias, le dedicaron en su ciudad hasta cuatro templos, dando a uno el nombre de Isis Pelasgiana, y al otro el título de Isis egipcia, para dar a entender que no la adoraban tan sólo como la primera divinidad del Egipto, sino también como patrona de la navegación y reina del mar. Muchos otros pueblos de Grecia, a semejanza de Corinto, celebraron la fiesta de la Nave de Isis. Esta nave llamada por los autores Epsadra, es también conocida bajo el nombre de Baris. Es muy verosímil que la nave sagrada de Minerva, que se hacía aparecer con tanta pompa en los grandes Oanateneos, no fuera más que una representación de la nave sagrada de Isis.

