Iolao

o Iolas o Yolao. Yolao es sobrino de Heracles. Es hijo de Ificles, el hermanastro del héroe, y de Automedusa, hija de Alcátoo. Durante toda su vida acompañó a su tío en sus trabajos y fue conductor de su carro. Intervino, por ejemplo, en el combate contra la Hidra de Lerna y en la lucha contra Cicno, hijo de Ares. Ayuda a Heracles a despojar a Cicno de sus armas. Lo acompaña en la expedición destinada a apoderarse de los bueyes de Geriones, en el ataque contra Troya y, de manera general, aun cuando los testimonios literarios silencian su presencia en algunos de los episodios del ciclo heracleo, los monumentos representativos no dejan de colocarlo al lado de Heracles (por ejemplo, en el país de las Hespérides, en la lucha con Anteo, en la captura de Cerbero, en los Infiernos, etc.). Estaba con él entre los Argonautas, según la fantasía de diversos escoliastas y de poetas tardíos, pero no citado ni por Apolonio ni por Apolodoro. Se le nombra con los cazadores de Calidón. Finalmente, con el tronco de caballos del héroe ganó el premio de las carreras de carros en los primeros Juegos Olímpicos, cuando fueron instituidos por Heracles, así como en los juegos fúnebres celebrados en honor de Pelias. Ver, Glauco. Cuando Heracles quiso casarse con Yole, cedió su esposa Mégara a su sobrino, quien contrajo matrimonio con ella y le dio una hija, llamada Leipéfile o "Amor de la Abandonada", llamada así sin duda en recuerdo del divorcio de su madre. Yolao, compañero de Heracles en las victorias, lo es también durante el destierro impuesto al héroe por Euristeo. Con él abandonó la ciudad de Tirinto para refugiarse en Arcadia, y le siguió asimismo cuando Heracles subió al Eta para el sacrificio final y la apoteosis. Después de la muerte de Heracles, ayudó a los Heraclidas y se esforzó en procurarles un lugar donde asentarse. Condujo a muchos a Cerdeña, especialmente a la mayor parte de los nietos del rey Tespio (Ver, Heraclidas, Tespio), y también de los atenienses. Fundó varias ciudades, principalmente Olbia. Llamó a Dédalo para la construcción de grandes edificios, que subsistían aún en tiempos de Diodoro. Cuéntase unas veces que murió en Cerdeña, otras, que volvió a establecerse en Sicilia, donde fundó numerosos santuarios en honor de Heracles divinizado. También a él se le tributó culto en Cerdeña y otras partes, y los pueblos que había establecido en la isla recibieron el nombre de Yoleos. En su vejez, o quizá después de su muerte, puesto que volvió a la vida con el exclusivo objeto de llevar a cabo esta hazaña, castigó a Euristeo, que perseguía con odio a los Heraclidas, e incluso se dice que lo mató. Correspondiendo a sus ruegos, Zeus y Hebe le habían devuelto por un día su fuerza y juventud. Heracles había dado su ejemplo consagrando en Sicilia un bosque a Iolao, y estableciendo sacrificios en su honor. Su templo era tan respetable, que los que no hacían en él los sacrificios acostumbrados perdían la voz y quedaban como muertos. Sin embargo, volvían a su primer estado después que hacían voto de reparar sus faltas, y habían dado las seguridades necesarias. Los agireos llamaron Herculánea la puerta delante la cual hacían sus ofrendas a Iolao. Celebraban su fiesta todos los años y admitían los esclavos en sus danzas, en sus mesas y hasta en sus mismos sacrificios. Plutarco dice que se obligaba a los amantes jurar fe y lealtad sobre el sepulcro de Iolao.
 
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