Ester

(siglo VI a.C.). También llamada Hadassá. Estaba casada con Asuero, el rey de Persia, y era la prima e hija adoptiva de un judío de nombre Mardoqueo. Tras desterrar de su presencia a su desobediente esposa Vastí o Vasthi, el rey organizó la búsqueda de jóvenes vírgenes. Ester, que fue una de ellas, encandiló al rey, que la hizo su esposa y la convirtió en reina consorte. No obstante, el comportamiento de su primo, que se negó a postrarse ante Amán, favorito del rey y de raza amalecita y por lo tanto enemigo del pueblo judío, estuvo a punto de traerle la desgracia, no sólo a ella sino a toda la población judía del reino de Asuero. En venganza por el desaire de Mardoqueo, Amán se propuso acabar con la vida de toda la comunidad judía, algo a lo que un descuidado Asuero dio su consentimiento. Aunque ni tan siquiera la reina podía acercarse al rey sin su expreso consentimiento, Ester, haciendo acopio de todo su valor y llena de aprensión, se presentó ante él y le invitó a un banquete, donde, en presencia del propio Amán, le reveló los planes de su favorito. Amán, sobrecogido por el miedo, pidió clemencia a Ester, pero su gesto de postrarse en el lecho de la reina fue interpretado erróneamente por Asuero y no hizo sino empeorar su situación. Amán sería ahorcado en el mismo patíbulo que se había montado para colgar a Mardoqueo. Mientras, gracias al excelente servicio de correo imperial, que a lomos de caballos, mulas, camellos y jóvenes dromedarios mantenía en contacto las 127 provincias del imperio, los judíos se salvaron, obteniendo además autorización para pasar de víctimas a verdugos. Unas 750.000 personas no pertenecientes a la comunidad judía fueron masacradas. La fiesta judía de los Purim se remonta a estos acontecimientos. Ester se convertiría con el tiempo en una de las más celebradas heroínas de la antigüedad.
 
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