Jebel Mlezza

Muy próxima a la ciudad de Kerkouane (Túnez, África), y situada al norte de la misma, hay una colina poco elevada que albergó una necrópolis donde se encontró una de las tumbas más célebres del mundo púnico; se trata del conocido hipogeo número VIII de Jebel Mlezza. En esta tumba, cuyo contenido constaba de algunos huesos y un modesto ajuar cerámico, apareció una de las representaciones pictóricas más importantes de la arqueología púnica. Las pinturas, realizadas con tonalidades ocres a base de cinabrio, representan el camino que ha recorrido el alma del difunto una vez abandonado el cuerpo. Siguiendo un recorrido de derecha a izquierda, al igual que la escritura púnica, tenemos en una pared la representación de un gallo (que se identifica con el alma del difunto) que se dirige hacia un monumento funerario turriforme. Este gallo se presenta en actitud atacante, con las garras y el espolón en tensión y la cresta desplegada. En la segunda pared se representó el mismo monumento turriforme y, al lado, un altar de fuego. Por último, en la pared frontal de la tumba aparece el gallo sin garras y con la cresta plegada, dirigiéndose hacia una ciudad. Al otro lado de la ciudad, enmarcado por un nicho en la pared, aparece la representación de la diosa Tanit bajo el creciente lunar. La interpretación de la escena es clara: el alma del difunto, una vez depositado el cuerpo en la tumba y purificada el alma por el fuego, alcanza la ciudad de los difuntos, una especie de paraíso o ciudad de dios. La bóveda tallada en la roca que cierra la tumba, también se decoró con un friso que la recorre con elementos geométricos identificados como de origen líbico. La representación pictórica no es importante sólo por la interpretación escatológica y religiosa, sino que esa ciudad configura una imagen magnífica de lo que debió ser una ciudad púnica a finales del siglo IV a.C.. La ciudad que se ha plasmado tiene planta circular con una muralla con torres y merlones semicirculares. Además, las viviendas aportan datos concluyentes sobre la tipología y la tecnología de las edificaciones (dos plantas, techumbres planas, remates con merlones). La planta de la ciudad y el modelo de viviendas, además, se corresponden con la ciudad de Kerkouane, por lo que parece que los artistas reflejaron en las paredes del hipogeo una ciudad, para la que tomaron como modelo la que tenían más próxima. Así, podemos contemplar una "postal" de la ciudad de Kerkouane en pleno siglo IV a.C. La pintura supone, en sí misma, una fuente indirecta para el conocimiento de la arquitectura y el urbanismo púnico. Ver, Kerkouane.
 
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