Olímpico
u Olimpio. Sobrenombre de Zeus que enfatizaba su reinado sobre los demás dioses y sobre el festival panhelénico de Olimpia. El templo y la estatua del dios, fueron el fruto de los despojos que los eleos se llevaron en el saqueo de Pisa. El templo por la parte de afuera estaba rodeado todo de columnas; en las cuales se emplearon piedras más preciosas. El edificio tenía setenta y ocho piesde altura, noventa y cinco de largo y doscientos treinta de ancho. Estaba cubierto de un hermoso mármol pentélico cortado en forma de tejas. En los dos extremos de la bóveda se veían suspendidos dos vasos grandes de oro, y en medio una Victoria de bronce dorado, llevando un broquel de oro. La estatua del dios, obra de Fidias, el famoso escultor de Atenas, era de oro y marfil. Representaba a Júpiter sentado en un trono y coronado de olivo, llevando en la mano derecha una Victoria también de oro y de marfil, adornada de cintas y coronada, y en la izquierda un cetro en cuyo extremo reposaba un águila, uno y otra compuesta de diferentes metales. Finalmente en el trono del dios brillaban por todos lados el oro y las piedras preciosas, y el marfil y el ébano formaban por su mezcla una agradable variedad. En el lugar más elevado del trono y sobre la cabeza del dios, a un lado estaban colocadas las Gracias y en el otro las Horas, una y otras como hijas de Júpiter. La habilidad del operario obtuvo la aprobación del mismo Júpiter, pues Fidias, concluida su obra, rogó al Dios que le diese una señal de quedar satisfecho; y se cuenta que inmediatamente el pavimento del templo retumbó con el ruido del trueno, precursor de un rayo que Júpiter lanzó, sin que causase el menor daño. Conservábase en el mismo templo una prodigiosa cantidad de ricos presentes, no sólo de parte de los príncipes griegos, sino que también de los del Asia. El mismo Pausanias refiere otra maravilla acaecida en el altar de Júpiter Olímpico, que consiste en que los milanos, que de todas las aves de rapina son las más carnívoras, respetaban las víctimas, y si casualmente un milano se arrojaba sobre las entrañas de alguna de ellas, se infería de esto un mal augurio. En el mismo templo de Júpiter, los eleos habían erigido seis altares a doce dioses, de modo que se rendían sacrificios a dos de ellos en un mismo altar: a Júpiter y Neptuno en el primero; a Juno y Minerva en el segundo, a Mercurio y Apolo en el tercero; a las Gracias y a Baco en el cuarto; a Saturno y a Rea en el quinto; y en el sexto a Venus y a Minerva Erganea.

