Olimpiónicos

Los que salían victoriosos en los Juegos Olímpicos eran muy honrados en su patria. Los atenienses sobre todo, gastaban pródigamente en presentes para regalar a sus compatriotas olímpicos, de modo que Solón creyó deber poner término a la prodigalidad. Su ley expresa que la ciudad tan sólo podrá dar a los olímpicos 500 dracmas de plata.
 
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