Demonio de Sócrates
Este filósofo decía tener un demonio o espíritu familiar que, si bien no le conducía jamás a ejecutar cosa alguna, se la impedía o estorbaba hacer, cuando el obrar le hubiera sido perjudicial. Después de la derrota del ejército mandado por el pretor Laches (Laques), dice Cicerón, huyendo Sócrates con este general ateniense, y habiendo llegado en un lugar donde cruzaban muchos caminos diferentes, no quiso seguir el mismo que los demás. Cuando se le pidió la razón, respondió que su demonio se lo había impedido. El suceso justificó bien pronto el aviso del pretendido genio, pues todos los que tomaron el otro camino fueron o muertos o hechos prisioneros por la caballería enemiga. Si cuando fue a presentarse a los jueces que debían condenarlo el demonio no le detuvo como hacía en las ocasiones peligrosas fue, dice Platón, porque pensó que no le era un mal el morir, sobre todo en la edad y en las circunstancias en que se hallaba. No solamente recibía sus advertencias interiores para sí, sino que también sus amigos tenían parte en ellas cuando iban a empeñarse en algún negocio funesto y se lo comunicaban, refiérense muchas ocasiones en las cuales les resultaron perjuicios por no haberle creído.

