Demonios
Los doctores del Talmud dan tres orígenes diferentes a los demonios. Algunos sostienen que Dios los formó el mismo día que creó los infiernos para su morada. Los hizo espirituales porque no le acomodó darles cuerpo. En el mismo momento de su creación empezaba la fiesta del sábado, y Dios se vio obligado a interrumpir su obra a fin de no violar la santidad del día. Otros dicen que, habiendo estado Adán mucho tiempo sin conocer su mujer, movido el ángel Samael por su hermosura, se unió con él y concebió y parió los demonios. Afirman también que Adán, que según ellos fue un malvado, fue padre de los espíritus malignos. Se cuentan además cuatro madres de los diablos. En fin, los doctores creen que creados los ángeles en la inocencia, cayeron de aquel estado por sus celos contra el hombre y por haberse revelado contra Dios. Fueron creados los demonios machos y hembras. Las almas de los condenados se transforman también por algún tiempo en demonios: entonces van a atormentar a los hombres, visitan su sepulcro y ven los gusanos que roen sus cadáveres; lo que les aflige de tal modo que se vuelven a los infiernos. Los demonios tienen tres atributos comunes también a los ángeles: tienen alas como éstos, vuelan de uno a otro extremo del mundo y saben también lo venidero. Tienen tres imperfecciones comunes a los hombres; necesidad de comer y beber; engendran y se multiplican y, en fin, mueren como nosotros. Para los ocultistas, el diablo sería el gran agente mágico, empleado para el mal por una voluntad perversa, la antigua serpiente, el instrumento del bien y el mal, la fuerza colocada al servicio del error. El demonio había nacido de la coagulación de la luz astral, pero su relación fraternal con Jesús y su suerte final son un enigma. Satán y los malos espíritus proyectan una acción malévola que hay que destruir por todos los medios. En los pueblos primitivos, los malos espíritus son demonios responsables de enfermedades, desgracias y toda clase de calamidades de los que se debían de defender por medio de sortilegios, exorcismos, etc. Para la teología cristiana, demonio, nombre individual o colectivo, se ha convertido en sinónimo de diablo y de Satán.

