Creta minoica
)o()o()o( Creta minoica y el disco de Festos )o(
Alrededor del año 6.000 a.C. los primeros hombres desembarcaron en Creta, portando consigo semillas y animales domésticos. Hacia finales del Neolítico tardío (3.000 a.C.), toda la isla estaba poblada. Álrededor del 2.800 a.C., llegan a Creta poblaciones de origen oriental, en particular anatólico, que se mezclan con las poblaciones ya asentadas. Estos inmigrantes, los minoicos, alcanzaron en seguida un notable bienestar, sobre todo, gracias al desarrollo de la agricultura, el pastoreo y las primeras empresas comerciales. Se lanzaron al mar para alcanzar a las playas la costa sirio-palestinas y de Egipto, donde intercambiaron los productos procedentes de la tierra por materias primas, en particular, metales, de los que creía siempre ha sido parca.
)o()o( PERÍODO PROTOPALACIAL )o(
El inicio de la Edad de Bronce media (2.100 a.C.) parece estar marcado por el crecimiento demográfico. Los asentamientos de periodos precedentes crecen y aparecen otros nuevos. El desarrollo de las pequeñas comunidades rurales en toda la isla, desde Cnosos a la región del golfo de Mirabella, así como a los extremos este y oeste de Creta, coincide con la aparición de verdaderas ciudades. En la Creta occidental, nacen asentamientos con características similares a los del este de Creta, hasta el punto de que ya se puede hablar de una koíné cultural extendida a todo el territorio durante el periodo protopalacial. En este contexto, aparecen los primeros palacios. Se trata de grandes conjuntos arquitectónicos que agrupan construcciones con diversas finalidades (barrios de servicio, cocinas, cuadras, etc.), que aglutinan tres funciones básicas: la económica, la política y la religiosa. Las razones de esta innovación continúan siendo objeto de debate. Algunos expertos creen que se debieron al desarrollo de los contactos con las civilizaciones próximas. En Oriente Próximo, las estructuras palaciegas se remontan a un período muy anterior, a finales del III o a principios del II milenio a.C. No se puede excluir que los minoicos hubieran recibido la influencia, en su elección de un nuevo sistema político y de estructuras arquitectónicas hasta entonces desconocidas, de los pueblos de Oriente Próximo con los que habían establecido contactos que eran cada vez más estrechos, incluso si los primeros palacios no eran más que simples transformaciones de construcciones precedentes. Las autoridades palaciegas controlaban estrechamente el territorio y obliga a entregar los bienes procedentes del campo para distribuir una parte entre los que trabajan para el soberano. De esta forma nace la necesidad de un sistema de contabilidad capaz de informar a las autoridades sobre los movimientos que tienen lugar en sus almacenes. La escritura se convierte en una necesidad y, en la Creta protopalacial, se desarrollan dos: la lineal A, cuyos textos más antiguos se han hallado en el estrato de destrucción del primer palacio de Festos, y la escritura jeroglífica, de la que se han encontrado huellas principalmente en Cnosos y Malia. Estas dos escrituras tienen varios puntos en común; ambas son silábicas, utilizan cifras ordenadas siguiendo un sistema decimal e ideogramas que representan objetos, productos o seres vivos. A pesar de las semejanzas, no parece que la lineal A derive de la escritura jeroglífica. Los dos sistemas coexistieron durante el periodo protopalacial y es probable, tal como demuestran los hallazgos de Malia, que un mismo palacio dispusiera de escribas para cada una de las lenguas. En el transcurso del periodo minoico medio IIIB (1.750-1.700 a.C.), Creta vio cómo violentos terremotos destruían todos los centros de la isla. En el periodo sucesivo, los minoicos construyeron los segundos palacios.
)o()o( PERÍODO NEOPALACIAL )o(
Las razones que permitieron a los arquitectos minoicos reconstruir, a veces sobre las ruinas de los primeros palacios, las grandiosas residencias principescas de Cnosos, Festos, Malia, Zakros y La Canea, están relacionadas con el bienestar que vive Creta y con el papel que la isla está llamada a representar en el escenario político del Mediterráneo oriental en este periodo, que coincide, en Egipto con el advenimiento de la dinastía XVIII. Desde el periodo de los primeros palacios, los minoicos estaban muy presentes en las grandes rutas comerciales que conducían a la costa siriopalestina y al valle del Nilo. Se han descubierto vasos de cerámica de Camares, típicos de las cortes minoicas del Bronce medio, tanto en Egipto como en la costa siriopalestina. Además, la presencia minoica aparece bien documentada en los textos egipcios anteriores al 1.580 a.C.. Asimismo, la presencia de Egipto se manifiesta en numerosas manifestaciones de la vida cretense, como demuestran las vasijas decoradas con gatos y las esfinges halladas en Malia, el pequeño templo con una estatuilla de gato descubierto en Monastiraki, la estatuilla egipcia con el nombre de User hallada en Cnosos, la espada con el acróbata de Malia o el colgante con abejas que descubrió P. Demarge en Chrisolakko. Pero, la llegada al poder de la dinastía XVIII en Egipto significó la conquista de todo el corredor sirio, de Gaza a Ugarit, indispensable para abastecer de materias primas a los artesanos del país del Nilo. El este de Siria disponía de recursos capaces de satisfacer las incesantes necesidades de la corte tebana y podía suministrar a Egipto el oro, la plata, las piedras preciosas como el lapislázuli, el cobre y el marfil que los artesanos egipcios consumían en enormes cantidades. Pero hacia falta transportar estas mercancías desde Siria hasta Egipto. Los minoicos, dueños del mar, se convierten entonces en los interlocutores de la corte tebana y transportan hacia Egipto las mercancías procedentes de Oriente. De este papel de intermediario entre Siria y Egipto, los minoicos extraen un triple provecho: tienen libre acceso a los puertos de Siria, hasta entonces controlados por Egipto; pueden obtener las materias primas de Oriente (en las ruinas del palacio de Zakro se hallaron colmillos de elefantes sirios, lingotes de cobre y objetos de lapislázuli) y encuentran en Egipto un comprador de los productos de su propia artesanía, agricultura y ganadería.
)o()o( JEROGLÍFICO Y LINEAL A: DOS ESCRITURAS SIN DESCIFRAR )o(
En el periodo neopalacial (1.660-1.450 a.C.), la administración minoica se decanta por la lineal A. En esa época, la encontramos en los documentos de archivo, en las inscripciones votivas descubiertas en distintos lugares de culto y en los santuarios. Tanto la escritura jeroglífica cretense, como la Lineal A no han sido descifradas. Ignoramos la mayoría de los valores fonéticos escondidos tras cada silabograma. El montante de símbolos de que disponemos para leer e interpretar ambas escrituras es limitado. Además, no contamos con ningún elemento bilingüe que permita establecer una comparación estrecha entre ambas, ni sabemos si éstas sirven para indicar una sola lengua, ni si los documentos de archivo en Lineal A del período neopalacial estaban escritos en la misma lengua que en los textos contemporáneos de las inscripciones votivas.
)o()o( CRETA Y GRECIA MICÉNICAS )o(
Alrededor del año 1.450 a.C., los palacios minoicos están en plena decadencia y la lineal A es sustituida por la lineal B (en 1952, Michael Ventris logró descifrarla), de la que mantiene la mayoría de los silabogramas e ideogramas. La lineal B, adoptada por los micénicos como lengua propia, es un dialecto griego predórico perteneciente a la familia arcado-chipriota. En la Grecia continental, se han hallado textos de archivos en lineal B en muchas residencias principescas micénicas como Micenas, Tirinto, Pilos, Tebas y Mídea. Hasta abril de 1994, todos los documentos en lineal B, comprendidos entre el 1.450 y el 1.200 a.C., eran de carácter económico y estaban escritos en la arcilla o pintados en las partes prominentes de las ánforas. En la actualidad, una serie de hallazgos recientes aportan datos innovadores sobre la historia de esta escritura y demuestran que la lineal B se utilizó también para fines distintos a los estrictamente administrativos. En 1.994, el Servicio de Arqueología griego descubrió en Olimpia la primera inscripción en lineal B grabada en la piedra; el texto, que se remonta al siglo XVII a.C. (al menos 800 años antes de Homero), demuestra que la lineal B nació en la Grecia continental en el periodo en que los habitantes de Micenas construían las tumbas de fosa para enterrar a sus soberanos. Durante 1.994, una excavación de urgencia en Tebas sacó a la luz los restos del archivo del palacio de Cadmo. Los documentos tratan de ofertas de cebada, trigo, vino y olivas a los dioses. Muchos de los teónimos hallados hasta entonces correspondían a nombres de dioses presentes en el Panteón griego del primer milenio a.C.: Zeus, Hera , Dionisio, Poseidón, Hermes, Atenea, La Potnia, etc.. Las nuevas tablillas de Tebas hablan del culto a una diosa desconocida basta el momento: Maka, identificada con el griego Màa Càa, es decir, la Madre Tierra de la que habla Esquilo en su obra Los suplicantes, hacia el 890. Se asocian una serie de nuevos cultos a la Madre Tierra: el culto a las serpientes, a los perros, al caballo, al toro o a los pájaros. Se trata de cultos autóctonos relacionados con el más remoto pasado mediterráneo. La recuperación del archivo de Tebas abre una nueva página en la historia de la religión griega. La lineal B, escritura de corte, utilizada por los aqueos para gestionar sus territorios o actividades relacionadas con la vida palaciega, no sobrevivió a la caída del mundo palacial micénico, alrededor del 1.200 a.C..
)o()o( EL DISCO DE FESTOS )o(
Además de los textos de escritura jeroglífica, en lineal A y lineal B, el suelo de Creta escondía otro documento muy valioso y célebre: el disco de Festos. Luigi Pernier lo halló en 1.908, junto a un documento en lineal A, fragmentos cerámicos minoicos y otros materiales posteriores, entre los que se encuentran vasijas helenístícas. El disco procede de una zona invadida varias veces a lo largo de la historia y, por ello, no puede datarse con precisión. Su diámetro oscila entre los 158 v 165 milimetros y el grosor entre los dieciséis y los veintiún milímetros; ambas caras están escritas y el texto se confeccionó con cuarenta y cinco cuñas distintas. El autor de la inscripción estampó las cuñas en la arcilla blanda, fue la primera vez en la historia que se utilizaron caracteres móviles para redactar un texto. Los detalles y los contornos de las figuras grabadas en la arcilla son extremadamente claros y todo deja suponer que el material con el que se hicieron las cuñas tenía una resistencia capaz de permitir su uso prolongado (es evidente que fueron utilizadas para hacer otras inscripciones). El autor del disco grabó dos espirales y, en el interior de cada giro, imprimió 242 signos. A menudo, los colocados a la izquierda borran parte de los de la derecha, lo que significa que el texto se leía de derecha a izquierda. La cara A es la que tiene la rosa en el centro. La cara B es la continuación de la A. Los 242 signos forman sesenta y una palabras (treinta y una en la cara A y treinta en la B), separadas por un guión que une entre sí los giros de la espiral. Estos sesenta y un grupos de signos están subdivididos en diecisiete secuencias mediante un guión situado a la izquierda del último signo de cada secuencia. En el punto de origen de las espirales, tanto de la cara A como de la B, se encuentra otro guión, en el que la punta de la cuña ha realizado cinco puntitos, que une el punto de origen con la circunferencia del disco. La escritura del disco de Festos no está emparentada con ninguna de las escrituras cretenses conocidas, pero los signos que la componen corresponden a representaciones de objetos pertenecientes a la cultura egea. De esta forma, el guante (signo 8) recuerda al guante de los púgiles de Hagia Triada; la nave (signo 25), una embarcación representada en un anillo de Moclo; la concha (signo 20), un vaso de obsidiana de Hagía Triada; el signo 21, la impresión realizada con un sello de Festos. La misma cabeza con plumas (signo 2), que recuerda las representaciones de las paredes del templo de Ramsés III en Medinet Habu, evoca los sombreros de los filisteos, uno de los Pueblos del Mar y según la Biblia, de origen cretense. Por ello es probable que alguna de las civilizaciones del Egeo realizara el disco de Festos. Se desconoce cuál de ellas, pues la estratigrafía es incierta y no permite precisar mejor la datación del hallazgo, al tiempo que las comparaciones arqueológicas realizadas señalan distintos momentos de la historia del II milenio a.C.. A la civilización de los primeros palacios pertenece la marca del sello de Festos que corresponde al signo 21. En cambio, el anillo de Moclo, con la representación de naves, y la tinaja encontrada en Hagia Triada pertenecen a la civilización neopalaciega. Para terminar, la cabeza emplumada, en caso que correspondiera a las imágenes de Medinet Habu, sería de la última fase de la civilización palaciega micénica. Los cotejos arqueológicos con los signos del disco se refieren a episodios de la historia de Creta que se extienden desde el 1.750 al 1.200 a.C. Entre los hallazgos hay dos particularmente elocuentes; se trata de la nave y el vaso, cuya datación jamás puede ser anterior al 1.500-1.450 a.C. Por ello se cree que la localización cronológica del disco de Festos oscila entre el 1.500 y finales del siglo XIII a.C.. Desde este punto de vista, es lógico deducir que la lengua escondida en los silabogramas de la inscripción sea una lengua utilizada en el Egeo en dicho período.
)o()o( POSIBILIDADES DE DESCIFRAR EL DISCO DE FESTOS )o(
Contrariamente a lo que ha sucedido con los documentos de archivo redactados en lenguaje jeroglífico cretense, en lineal A o B, en el disco de Festos no se repiten nunca dos signos ideográficos o numéricos. Ello podría ser un indicio de que nos encontramos frente a un texto de carácter no económico. No se puede añadir nada más; cualquier otra hipótesis sobre el tema tratado en la inscripción es puramente arbitraria, incluida la que goza de mayor afirmación y que afirma que se trata de un tema religioso. Más fácil es determinar el tipo de escritura con el que nos enfrentamos. Tan sólo existen tres sistemas gráficos en las escrituras de todo el mundo. El primero consiste en dibujar el objeto que se desea nombrar. Para expresar mediante un gráfico la casa, el hombre o una oveja se dibujan estos elementos. Este tipo de escritura se denomina "ideográfica" y, en ella, cada signo es definido como "logograma" o "ideograma". Toda escritura ideográfica, como por ejemplo el chino, requiere un número extremadamente elevado de signos para expresar las acciones o los conceotos abstractos, no sólo porque las cosas que cabe representar son abundantes, sino también en virtud de los conceptos abstractos que deben asociarse a los mismos objetos, si uno pretende traducir gráficamente frases con verbos, adverbios, adjetivos, etc.. Los otros dos sistemas gráficos, el silábico y el alfabético, están formados por signos que, una vez agrupados, traducen el sonido de la palabra pronunciada. El sistema silábico divide las palabras en sílabas. El total de signos de una escritura silábica es rotundamente inferior al utilizado en las escrituras ideográficas. Una lengua como el japonés, basada, en su forma escrita, en una división silábica y que, al igual que el castellano, está formada en su práctica totalidad por sílabas abiertas (acabadas en vocal), puede transcribirse sin excesiva dificultad mediante un silabario, el kana, que contiene cuarenta y ocho signos y dos signos diacríticos auxiliares. El sistema alfabético es el que utilizamos nosotros. Creado por los fenicios y desarrollado por los griegos, este sistema ha sido el que ha tenido mayor aceptación, porque conlleva un número exiguo de signos. Los signos estampados en el disco de Festos son cuarenta y cinco en total; pocos para una escritura ideográfica, demasiados para una escritura alfabética. A partir de este extremo, deducimos que el lenguaje utilizado en el texto era silábico. No disponemos de ningun elemento que nos permita acercar la inscripción del disco de Festos a otra escritura del Mediterráneo oriental, de Oriente Próximo ni de Egipto. El aislamiento del disco complica su desciframiento. Estas dificultades devienen invencibles, cuando analizamos la cruda realidad de las cifras: sumando los signos incluidos en las sesenta y una palabras del disco, tenemos un total de 242 signos, una cifra irrisoria comparada con los 30.000 signos de que disponía Ventris para descifrar la lineal B o los casi 7.500 de la lineal A, y los cerca de 1.600 de la escritura jeroglífica cretense. Está científicamente demostrado que no se puede descifrar un texto de sólo 242 signos, cuando no se sabe a ciencia cierta el mensaje que contiene. Junto a su misterio, de momento, el disco de Festos sigue condenado a guardar celosamente su secreto.

