Megalito
En 1.849 se concibió el término "megalito" que, etimológicamente, deriva del griego mégas ("grande") y lithos ("piedra"). Este término ha sido adoptado para denominar los imponentes monumentos de roca sin labrar diseminados por todo el mundo. El megalitismo es un hecho cultural conocido a partir del Neolítico y su origen no debe buscarse en un único centro, sino en numerosos centros creativos y propulsores independientes. La hipótesis que afirma que la ideología megalítica fundó sus propias raíces en la civilización oriental, desde la que se irradió a Europa, se ha visto invalidada gracias al descubrimiento del método de datación de la "dendrocronología" (calibrado del carbono 14), que demuestra que las estructuras megalíticas europeas son anteriores a las del Mediterráneo oriental y, con ello, se ha demostrado su origen autóctono. Las construcciones megalíticas europeas estaban relacionadas, con toda probabilidad, con el culto a la fertilidad y a los muertos, particularmente desarrollados durante el Neolítico. Los agricultores de aquella época de la prehistoria dedicaron gran parte de su tiempo a edificar imponentes monumentos dedicados a los difuntos y a la Diosa Madre, en lugar de a sus modestas moradas de las que no quedan huellas. Además, se han lanzado hipótesis sobre el probable significado de observatorio astronómico de determinadas estructuras megalíticas. Sin embargo, en el Mesolítico (10.000 años a.C.) pequeños grupos de hombres asentados en Bretaña (Francia), y en el estuario del Tajo (Portugal) dieron vida a una arcaica forma de megalitismo que consistía en grandes losas de piedra que marcaban las tumbas destinadas a sepulturas colectivas. Tras el descubrimiento de cerca de 5.000 estructuras megalíticas (dólmenes. tumbas de pasillo. menhires, alineamientos, cromlech, estatuas-estela, hipogeos y sepulcros), parece innegable que el fenómeno megalítico se desarrolló en Francia en una época situada alrededor del 5.000 a.C., de donde parece haberse extendido hacia Portugal (3.900 a.C.), España y, sobre el 3.600 a.C, a las islas Británicas. Desde la península Ibérica y la región gala, el fenómeno parece haber saltado a la península italiana, Cerdeña y Córcega. Con toda probabilidad, el megalitismo ha tenido un origen autóctono en las islas del archipiélago maltés, donde los monumentos de templos y de hipogeos muestran características particulares. Ver, Stonehenge, Edad del Cobre.

